Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

441 IV. Internacionalista y militante de la paz un cuerpo de garantías jurídicas, otorgadas por la República Popular a quienes constituyen casi el 50% de su población total. La mujer china ha ganado el status presente con su acción directa al lado del pueblo contra la agresión japonesa, contra el imperialismo, contra la reacción. Su conciencia política maduró bajo la presión tiránica de los déspotas locales, bajo el fuego de la gran Guerra Patriótica, en las acciones heroicas de las guerrillas, en la devoción sin límites por las fuerzas que llevaron adelante la liberación de China. Desde muy tem- prano, las mujeres se incorporaron activamente en los movimientos revolucionarios: en el movimiento del «4 de Mayo» de 1919, como en el del «30 de Mayo» de 1935; en la Expedición del Norte contra los «señores de la guerra»; en 1924 en las actividades de la reforma agraria en las primeras áreas liberadas; en la guerra antijaponesa de 1937-1945 y en la guerra popular de Liberación de 1946 adelante. Dentro de estas circunstancias el movimiento femenino chino ha ganado además una poderosa unidad, aquella que ha fundido a las mujeres de toda condición en un solo frente en el cual trabajan, con igual fervor y rodeadas del mismo respeto, la vieja campesina iletra- da y la brillante intelectual, la obrera textil y la Vice Presidente de la República, la oficinista y la Ministro de Salubridad. La sociedad feudal relegó a la mujer a las situaciones más intolerables e injustas. El patriarcado chino fue implacable con ella. Su rol fue siempre el de una subordinada sin derechos y sin voluntad propia. Los casos históricos de preeminencia de las mujeres en la Corte o en la direc- ción del Imperio, no son sino excepciones que en nada trascendieron sobre la condición general de las masas femeninas. El abandono, la venta, la cesión de las niñas, fueron hábitos con arraigo milenario en la sociedad china. No había posibilidad para la mujer de escapar a una u otra forma de tutela, que inhibía su acción y limitaba sus po- sibilidades. En 1927, el Presidente Mao en su Informe sobre el Mo- vimiento Campesino en la Provincia de Hunan, llamaba la atención acerca de este punto: «Las mujeres aparte de estar bajo el control del poder del Estado, el poder divino, el poder del clan en común con los hombres, está también bajo el control del poder de sus maridos». Existía pues un inmenso sector de la población de China cuyo es- pecífico problema de emancipación debía ser considerado. Abocarse

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