Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +
146 Entonces escucha de nuevo unos gritos de dolor. Parece que son mis aullidos , reflexiona. Parece que mi voz gritara desde el fondo de la tierra . Pero pronto reconoce que es su padre quien reclama, « ¡Dejen tranquilo a mi hijo!» , le oye suplicar. Y el dolor del padre que observa cómo torturan a su hijo, le hace a el olvidar su propio dolor de haberle visto antes a merced de los sicarios. Entonces le vienen deseos de ser Superman, quitarse las amarras y volar con su padre en brazos, lejos, muy lejos, por sobre los campos y las ciudades, y a traves de las edades y las epocas, hasta detenerse en un paisaje vacio, al margen de la semantica, solo para sentir la caricia del viento en la cara. Pero comprende bien que el Hombre Arana y Superman son, tambien, sicarios de la tirania.
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