Aguas abajo
29 rido; época de ocio, de paseos sin rumbo con las ami- gas; época, también, del surgimiento del primer y único amor: el desconocido de aires citadinos que se pasea por la plaza vestido a la moda de la juventud burgue- sa. En el cuento, el sentimiento de autonomía y de un mañana que parece abierto a horizontes insospechados con el surgimiento del deseo de lo nuevo, encarnado en la figura singular del desconocido, no pertenecen al fu- turo sino al pasado. Con el tránsito de la mujer hacia el mundo adulto, y la obligatoriedad del matrimonio, se inaugurará una vida destinada al trabajo doméstico, a la explotación económica, al control total de la autori- dad masculina y, también, a los sueños convertidos en recuerdos que se desempolvan los sábados por la noche con la música del fonógrafo. En «Soledad de la sangre» se expone un sofistica- do mecanismo de sujeción de la mujer en el núcleo fa- miliar, donde la imposición violenta se transforma en una «sugerencia» que ella debe acatar, y la vigilancia permanente en una conversación que termina inevita- blemente en una confesión de lo hecho y no hecho dia- riamente. En este sistema de control, el fonógrafo, que solo funciona cuando el hombre lo determina, cumple un papel fundamental: entregar la ilusión de que ella aún posee un tiempo y un espacio para sí misma y, de esta manera, disminuir la frustración y el abatimiento que lentamente acumula mientras transcurren sus mo-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=