Aguas abajo
27 crisis, ella se nos revela siendo dueña de una subjetivi- dad en donde la meditación ante los hechos y la fanta- sía se entremezclan. Marta Brunet elige trasladarnos al centro del conflicto: la conciencia de la mujer. Es ahí, y no en el afuera en el que se disputan el hombre y la casa, donde tiene lugar el enfrentamiento de las dos opciones que están realmente en juego y sobre las que tiene que tomar una decisión: el orden arcaico, donde ella carece de toda autoridad sobre sí y su entorno, o el desconoci- do mundo exterior. Una decisión similar enfrentará la protagonista de «Soledad de la sangre» cuando se le revela su estado de sujeción en un matrimonio que se le hace intolerable. La toma de conciencia de sus condiciones de subordi- nación será el resultado de una cadena de hechos que Brunet expone y de los que nos hace testigos. La narra- ción se inicia con la descripción detallada de un interior aparentemente burgués: la lámpara iluminando un rin- cón de la casa, el papel mural adornando las paredes, el fino aparador repleto de adornos y objetos decorativos. Sin embargo, la casa no está en una ciudad, tampoco en un poblado, se encuentra en medio de la naturaleza, en el interior rural, a gran distancia del pueblo más cer- cano. A pesar de su remota ubicación en la provincia, la casa, en «Soledad de la sangre», no se asemeja a la rudimentaria cabaña de la laguna en «Piedra callada» y menos aún a la primitiva construcción de «Aguas aba-
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