Aguas abajo

26 rica en la que funciona, desmontando el orden familiar tal cual lo concibe. Es por eso que la mujer lee como una traición lo que el resto entiende como un mecanis- mo de reemplazo lógico en una organización primitiva, en donde la voluntad del macho es lo único que le da forma a un grupo, carente de ritos de pertenencia y de identidad. «Las cosas eran así y nada más. Cosas de la vida..., como le dijo después la vieja». La mujer descubre entonces de manera abrupta que en ese nuevo orden de cosas, ella ocupa el lugar de la anciana, sin gobierno doméstico y aportando en menor medida y de manera silenciosa con su trabajo en el telar a la mantención del grupo. Así, queda reducida a una existencia prescindible, de la que nadie depende y en la que nadie repara. Este nuevo orden familiar, sin em- bargo, no tiene nada de nuevo, todo se mantiene igual. Su reemplazo no alterará mayormente la existencia del grupo, cuestión que ella comprueba al constatar que quien ocupa su lugar se ha hecho cargo de las labores de la casa y los niños no advierten su ausencia. No obs- tante, para ella su mundo, conformado por una estruc- tura de lugares no intercambiables, ha dejado de existir y ante sí se abre un abismo de incertidumbre. De todos los personajes del cuento, solo accedemos a los pensamientos, los miedos y los anhelos de la mu- jer. Mientras a los otros los conocemos exclusivamente por sus gestos, dichos y acciones, en ese momento de

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