Aguas abajo
24 zada siempre por el clima y las crecidas del río. Brunet nos expone un grupo social totalmente asimilado a la naturaleza. Incluso el deseo sexual entre el hombre y la joven revela la fuerza del entorno en la determinación de sus vidas: Pareció que le crecieran raíces. Se la que- dó mirando, mirando. Como si las raíces se adentraran por la tierra y llegaran hasta esa obscura región de las corrientes subterrá- neas, napas frías y calientes, ambas subién- dole por los pies, por las piernas, por el tor- so; inundándole el pecho, contradictorias; llegándole hasta los brazos, hasta las manos; subiendo por los brazos nuevamente, rebo- tando toda esa marejada en el cerebro, gol- peando allí, insistiendo allí con su fuerte fluir y refluir. Como aguas calientes y frías… El hombre se arrancó a sus raíces, las cortó de un golpe con el mismo ímpetu con que de- rribaba un árbol y avanzó hasta casi pegar la cara a los pies de la muchacha … Y un mo- mento se quedaron así, como parte del pai- saje, sin pensar en nada, sintiendo tan sólo la tremenda vida instintiva que los galvanizaba.
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