Mejorar la educación : aprendizajes desde la investigación educativa

Mario Sobarzo Morales 74 a tomar la palabra de cualquiera que fuera parte del demos , de la asamblea del pueblo) y la pahrresía (el decir sincero hasta llegar a la insolencia) son conceptos hermanos, necesarios para la disolución de las estructuraciones de clase y los privilegios heredados. Mientras la isegoría permite al demos hacerse oír en medio de la asamblea y proponer sus inquietudes sin adaptarlas a la corrección propia del canon de la élite, siempre cerrada sobre sí misma y sus campos de poder-saber, la pahrresía genera los marcos de verdad propios de esta nueva forma de gobierno emergente en la Grecia que Foucault estudia. Plantear que entre la forma democrática y lo plebeyo existe una vinculación profunda implica hacerse cargo del conflicto como fundamento y base de lo social. Implica también reconocer en el cambio la dynamis propia de las relaciones humanas, y la actual división en clases y su distribución del acceso al trabajo manual o intelectual como una estructuración limitante de las fuerzas produc- tivas disponibles en nuestra sociedad. Mientras no pensemos la filosofía como ruptura de toda división social, no podremos proponer un verdadero derecho a la filosofía, pues estaremos negando en los hechos lo que afirmamos en la pa- labra. Una filosofía pensada como derecho para cualquiera es la disolución misma de lo disciplinario de ella, es la transición de ella hacia la totalidad del pensamiento en cuanto pensamiento posible –es decir, aprendible, reflexionable, transmitible–, sin importar la clase ni la condición. Es la filosofía como experiencia de la desaparición de la división del trabajo, como reintegración del saber sin el apellido de teórico o práctico , como si las cosas fueran en sí mismas. Una filoso- fía pensada así es heredera de la procacidad plebeya de la pahrresía y de su valoración del peligro que habita en la consecuencia, en el tiempo existente entre lo que se dice y lo que sucede. Una filosofía así instituye un individuo social y fractura definitivamente las viejas divisiones propias del trabajo intelectual y manual, integrándolas en una matriz de verdad nueva. En esa sociedad, la filosofía es un derecho que no está en los libros, sino que se practica y por ello se reconoce como tal.

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