Los Futuros Imaginados

l o s f u t u r o s i m a g i n a d o s 36 37 Roger Bernat Dos días después de mi llegada a Santiago para participar en el Foro de las Artes 2019, cuya línea temática era “Los Futuros imaginados”, Sebastián Piñera decretó el Estado de Sitio. Desde la ventana del hotel veía las revueltas en la avenida Bernardo O'Higgins y en el te- levisor las que estaban sucediendo en la plaza Urquinaona de Barcelona que se desarrollaban simultáneamente, en Santiago por la tarde y en mi ciudad en plena noche. Con el pasar de los días, las revueltas en Cata- luña fueron menguando, mientras en Santiago persistían. Fue inevitable comparar ambos escenarios y extraer algunas conclusiones: Primera lección: Se puede “volver al futuro” como hacían en la película de Zemeckis o, como podemos hacer ahora, acercándonos a la ciudad de Brasilia, que no deja de ser la asfaltada demostración de cómo el pasado imaginó el futuro. Ir al futuro, sin embargo, por mucho que una cierta idea de progreso nos haya entrenado a ello, es imposible. La revuelta no cree en el futuro, tampoco cree en el tiempo porque uno de los efectos de cualquier movimiento es detener el tiempo histórico. No en balde los sublevados de la Comuna de París lanzaban piedras a los relojes que colgaban de fachadas y campanarios: sabían que solo deteniendo la His- toria su difusa reivindicación tenía posibilidades de realizarse. Y es pre- cisamente en esa agónica suspensión del tiempo —porque, como dice la canción, todos temen que tarde o temprano el reloj vuelva a marcar las horas— donde se operan los cambios. Aquellos que quizás más tarde se plasmen en una nueva Constitución, en un aumento de sueldo, en una re- baja de la jornada laboral o en una nueva bandera. Cambios que, cuando vuelve a funcionar el reloj, saben ine- vitablemente a derrota. La diferencia que había entre las dos revueltas, la de Chile y la de Cataluña, es que la primera nacía sin objetivos claros (la bajada de las tarifas del transporte no era más que una excusa) y lo úni- LECCIONES RECIBIDAS // roger bernat (Barcelona, 1968) es dramaturgo y director teatral. Graduado en dirección y dramaturgia por el Institut de Teatre de Barcelona con el premio ex- traordinario de 1996. Funda y dirige General Elèctrica junto a Tomás Aragay. Su obra recibe premios de la Crí- tica de Catalunya. En 2008 empieza a crear espectáculos en los que el público ocupa el escenario y se convierte en protagonista. Sus espectáculos han sido traducidos a una treintena de idiomas y en 2017 fue distinguido con el Premi Sebastià Gasch d’Arts Parateatrals. p r ó l o g o co que pretendía era marcar una discontinuidad en el inevitable transcu- rrir del tiempo. La segunda anhelaba acelerar la llegada de un futuro. No se trataba de poner en jaque el orden instituido sino de cambiarlo por otro, el orden quizás más eficiente, quizás más justo pero, orden al fin y al cabo de un nuevo estado-nación llamado Cataluña. Segunda lección: La primera víctima de la revuelta fue el trabajo. El tiempo marca su com- pás en horas de trabajo y solo deteniéndolo puede llegarse a detener la vida cotidiana. Cerraron las universidades, se detuvieron las fábricas, se inmovilizaron los trenes. En esos momentos se revelaba que incluso nuestras horas de ocio eran tiempo de trabajo: cerraron los cines, los museos, teatros y restaurantes, los actores dejaron de actuar. Lo único que no se detuvo fueron las pantallas. Éramos capaces de emanciparnos de muchas cosas, pero no de todas. Si en ese momento la sociedad se hubiera dividido entre los que trabajaban y los que no lo hacían, de un lado hubieran estado las fuerzas de seguridad del Estado junto con la prensa y la clase política, y del otro los demás. De hecho, si en la calle la batalla radicaba en saber quién controlaría el espacio público, mientras camarógrafos y cronistas daban cuenta de ello, en las pantallas la bata- lla se libraba ya no entre fuerzas sino entre relatos. En Chile el juego de antagonismos estaba claro: por un lado estaba el discurso oficial ampli- ficado por los medios de formación de masas, como acostumbraba a lla- marlos Agustín García Calvo, y por el otro el de los ciudadanos anónimos que eran entrevistados en prime time por las grandes cadenas que, junto con los medios independientes más o menos virales o infundados, ofre- cían un relato que nada tenía que ver con el oficial. En Cataluña la con- frontación era mucho más insidiosa porque no se producía entre medios oficiales y medios independientes, no enfrentaba la verdad al rumor sino que confrontaba dos verdades, la españolista y la catalanista, habiendo quedado el discurso independiente relegado al lugar subalterno al que está condenado por la cultura mainstream . Tercera lección: Tras la muerte de Ian Curtis, Joy Division, la que quizás fuera la banda más influyente de la Inglaterra de finales de los 70, quedó descabeza- da. Tras unas semanas de zozobra, el resto de integrantes de la banda formó New Order. El declive de un régimen desembocó en otro régi- men. El caos, la ausencia de un régimen, es una condición transitoria que solo encuentra acomodo cuando somos capaces de nombrar un nuevo l e c c i o n e s r e c i b i d a s // roger bernat

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=