Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile

formación (o malinformation ), que es cierta y verdadera pero, en casode circular, causa daño. Este es unprimer desafíopara los chequeadores de datos: determinar el tipo de desinforma- ción e identificar si sus intenciones son engañar o dañar. Un segundo nivel de dificultad tiene que ver con los tipos decontenidos: la sátirao laparodia (como los clipsdeArnold Schwarzenegger versión IA “imitando” aWhitneyHouston); el contenido mañoso o engañoso (como la entrevista “hi- pereditada” de El Mercurio a la diputada Karol Cariola hace algunos años); contenido impostor (como la columna “Nun- ca hemos militado en el PC de Chile” que Mónica González y Alejandra Matus nunca escri- bieron); contenido fabricado (como un audio de Claudia Sheinbaum durante su campa- ña a la presidencia mexicana creado con fragmentos de en- trevistas antiguas); conexiones falsas o engañosas (como la tómbola que no es tómbola del Sistema de Admisión Escolar, SAE); contexto falso o enga- ñoso (información falsa pero antigua, como la imagen de un caballomaltratado atribuida a incidentes entre huasos y ciclistas en el marco del primer proceso constituyente, pero que tenía más de diez años) y, finalmente, contenido mani- pulado, como el clip con el audio de Haase yamencionado. En nuestra vida hipermediatizada y visual, la información no es puramente textual, lo que exacerba los componentes emocionales que influyen en nuestra disposición a creer o no ciertos contenidos. Varios estudios recientes muestran que tendemos acompartir informaciónque sealineaconnuestras creencias; es decir, nuestras alertas para detectar desinforma- ciónaflojansi loscontenidoscoincidenconloqueyacreemos. Es por esta diversidad de factores y, por qué no, por la falta de consenso sobre qué se considera desinformación y cómo identificarla, que quienes investigan o trabajan en este cam- po recomiendan no hablar de fake news : si algo es noticia, esperamos que no sea falsa. Si es falso, no es noticia. Adi- cionalmente, el concepto de fake news ha sido apropiado por líderes autoritarios de todo signo político para atacar y debi- litarel roldelperiodismoydeperiodistasomediosenparticular. La agenda para identificar la desinformación o los desór- denes informativos está al centro de la preocupación de organizaciones internacionales como la UNESCO y las Naciones Unidas, así como también de la OCDE, la Unión Europea y un largo etcétera. Organismos que, en el último lustro, han impulsa- do estudios, publicado reportes y recomendado estrategias para identificar y contrarrestar la des- información. Delmismomodo, la agenda sobre en qué temas o momentos la desinformación campea es muy diversa: de- sastres socioambientales, cuestiones de salud pública (como las vacunas) y campañas políticas, entre otros. Enesos contextos críticos suelen incrementarse las organi- zaciones independientes o las áreas de losmedios destinadas a verificar datos, como ocurrió durante la pandemia de co- vid-19. De hecho, en ese momento, un reportaje emitido en el noticiario central de TVN siguió la pista de información y datos de contactos de supuestos médicos ofreciendo trata- mientos o vacunas en medio de la confusión y el temor. El equipo periodístico siguió el hilo y desenredó la madeja: dio conquienes estabanenel origendel engaño. Nohayque olvi- darlo: si tumadre dice que te ama, verifícalo. “Quienes investigan o trabajan en este campo recomiendan no hablar de fake news: si algo es una noticia, esperamos que no sea falso. Si es falso, no es noticia”. 33

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