Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile
lo que se dice. Por lo tanto, en sentido estricto, no existe un interés por la verdadmisma. El fenómeno de la posver- dad, desde mi perspectiva, da cuenta de un tiempo en que la verdad ha dejado de ser relevante, desplazada por lo que podríamos llamar el mercado de la opinión”. Y añade Rojas: “Es cierto que la posverdad remite muchas veces a lamanipulación intencionada de la información para incidir en la opinión pública, pero esto sucede con fuerza allí donde ya se ha instalado previamente un estado de cris- pación anímica, relaciones de antagonismos de base, una polarización ‘ideológica’, donde lo que está en juego no son concepciones diferentes de sociedad, sino la necesidad de identificar un ‘otro’ al que atribuyo la causa demi malestar”. El poder viral y desestabilizador del rumor no es nuevo. Sin la prensa, tal vez no hubiese habido una revolución en Francia en 1789. No es que haya sido la causa, pero per- mitió difundir libelos que difamaban a personalidades y destruían reputaciones, como le pasó, por ejemplo, a María Antonieta, de quien se dijo que habría mandado al hambriento pueblo a comer brioche a falta de pan. Los chismes sobre la vida privada fueron best-sellers en las dos décadas anteriores a la revolución, y ayudaron a dañar la imagen de la monarquía y a desacralizarla, afirma el his- toriador Robert Darnton en El diablo en el agua bendita. O el arte de la calumnia de Luis XIV a Napoleón (2014). No es que esas élites gozaran de admiración y respeto; había una pérdida de legitimidad previa, pero se potenció con esa li- teratura que muchas veces se presentaba como biográfica. “De la selva de las relaciones entre ficción y realidad hemos visto despuntar un tercer término”, dice Carlo Ginz- burg en El hilo y las huellas (2010): “lo falso, lo no auténtico. Lo ficticio que se hace pasar por verdadero”. El historiador da como ejemplo los Protocolos de los sabios de Sion , el pan- fleto antisemita que, se decía —o se dice, porque todavía se imprime—, revelaba un complot judío para gobernar el mundo. “El libro fue publicado por primera vez en Rusia en 1903. Sin embargo, la difusión mundial de los Protocolos empezó después de la Revolución de Octubre, aconteci- miento que una parte de la prensa reaccionaria presentó como el resultado de una conspiración hebraica. La tra- ducción alemana, publicada en 1919, fue saludada por el Times un año después como un documento importante y, por ende, implícitamente, digno de fe”, cuenta Ginzburg. Esto advierte, también hoy, sobre el rol que juega la prensa en la difusión de rumores, medias verdades y mentiras (en Chile lo vimos hace poco con la supuesta desaparición de cientos de niños haitianos, difundida y luego desmentida por los medios). En el caso de los Pro- tocolos , en 1921, en el mismo Times , el periodista Philip Graves demostró la falsedad del documento, cuestión que no afectó en nada la difusión del libro. “Poco im- porta si los Protocolos son auténticos; basta con que sean verdaderos”, dijo su traductor al francés. Racionalizar prejuicios | En 1947, los psicólogos Gor- donW. Allport y Leo Postman, de laUniversidad deHarvard, publicaron Psicología del rumor. Su interés surgió en el contexto de la Segunda Guerra Mundial frente a los rumo- res que se esparcieron en Estados Unidos contra judíos, afrodescendientes, británicos y contra el gobierno, que habían afectado la opinión y la moral públicas. Los autores describen el rumor ocioso, la “chismografía cotidiana” que sirve para llenar conversaciones con amigos y cercanos. Pero también distinguen otro más dañino: “Hay sobrados rumores y chismes que distan de ser ociosos: son profun- damente intencionales, apuntan a un fin determinado y sirven a importantes objetivos emocionales. La exacta na- turaleza de estos fines no sabría decirla ni el portador ni el receptor. Saben solamente que el chisme, o lo que sea, les resulta interesante”. Lo que hace el rumor, según los exper- tos, es “racionalizar” los sentimientos y prejuicios propios, los despersonaliza y así nos libera de culpa. “Admitido que la circulación de rumores es siempre un problema social y psicológico de granmagnitud, lo es en especial enmomen- tos críticos”, advierten Allport y Postman. En Chile no estamos en guerra, pero constantemente se dice que estamos en una crisis, que a veces es económica, de seguridad o moral. Que sea cierto o no importa me- nos que la tensión que genera en el ambiente ese tipo de “informaciones”. Si seguimos a Allport y Postman, estos contextos son suelo fértil para el rumor pernicioso. “Hoy, el carácter del rumor de alertar sobre el ‘desvío’ de una norma o crear desprestigio para hacer triunfar los in- tereses de un grupo ha sido sobrepasado. El desprestigio del otro se ha convertido en parte de la escena pública y privada, banalizando al rumor entendido como una fuen- te de ‘crítica’ a las ‘verdades’ oficiales y convirtiéndolo, en cambio, en una herramienta digital a gran escala que construye la oposición confianza/desconfianza”, cree So- nia Montecino. “Ya no se trata solo de distinguir entre “El desprestigio del otro se ha convertido en parte de la escena pública y privada, banalizando al rumor y convirtiéndolo en una fuente de ‘crítica’ a las ‘verdades’ oficiales”, dice Sonia Montecino. 28
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