Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
Al año siguiente, estrenó ya de forma independiente la aplaudida Estado vegetal , un monólogo con Marcela Salinas —quientambiénparticipóenladramaturgia—enlaquedes- plegó unnuevo universo polifónico, enrevesado, ramificado; donde varias voces aparecen cuestionando la supremacía especista del ser humano y todas sus categorías de poder. Lo mismo haría luego en Cómo convertirse en piedra (2021), que pone el foco en el mundomineral y en Vampyr (2025), prota- gonizada por un par de criaturas porfiadas, mitad muertos, mitad vivos, mitad animales, mitad humanos; que trabajan en una planta energética y que se resisten a ser explotados. De esta forma, el trabajo de Infante desmonta las estruc- turas que sostienen no solo el relato teatral, sino también nuestra manera de entender la realidad. La linealidad, el protagonismo individual, la centralidad humana: todos es- tos elementos son tensionados, desplazados o directamente abandonados. En su lugar, aparece algo más cercano a un sistema que a una historia. Algo donde múltiples voces, tiempos y materiales conviven sin jerarquía clara. En ese sentido, el teatro de Infante no busca representar el mundo, sino reorganizar sus reglas. Tu obra trabaja la relación entre vivos y muertos. ¿Qué te interesa de ese vínculo? —Me interesa como una forma de evidenciar que no exis- timos de manera aislada. La relación con los muertos, con los ancestros, nos recuerda que somos parte de una trama, de una historia compartida. Es una red donde cuerpos, me- morias y territorios se entrelazan constantemente. En Los huesos esto surge un poco a partir de la lectura de A la salud de los muertos , de Vinciane Despret y también de Fantasmas de la dictadura , de Marta Dillon. Ambas trabajan la relación de los vivos con sus ancestros, ese vínculo con los que vinie- ronantes, la conexiónde cada individuo con suhistoria, con su trama, con su territorio, con la experiencia situada de su vida en una ecología compartida, una ecología histórica y no solamente natural. ¿Qué pasa cuando se entiende al ser humano como parte de una redmás grande, en lugar de verlo como un individuo independiente? —Poner en relieve esa trama nos lleva también a pre- guntarnos por el concepto de los derechos humanos que siempre ha sido planteado desde esta carta europea, que tiene una mirada del individuo portador de unos derechos dados a posteriori, justamente como un ente aislado de una trama. Si seguimos un poco el pensamiento de JudithButler o Karen Barad, la vulnerabilidad es una cualidad intrínseca de la existencia humana. Y es porque somos vulnerables y porque estamos sujetas a las otras y los otros que necesita- mos ser cuidadas, protegidas. Nadie es del todo autovalente. Cuando se dice que tu teatro concibe el tiempo como algo no lineal ¿se entiende entonces que habita y habi- tamos continuamente el presente, pasado y futuro? —Cuando pensamos en la urgencia de imaginar otro “N o están. No saben dónde están”, dice la mujer que entra en escena, donde varias sillas y atriles esperan a unos músicos que nunca llegarán. Deambula nervio- sa, desconcertada, consciente de que no debería estar ahí: no sabe nada de música. Es una antropóloga forense ex- perta en trauma óseo, dedicada a descifrar las historias que narran los huesos. Y al mismo tiempo, es la actriz Marcela Salinas, quien durante 90 minutos despliega una notable capacidad para encarnarmúltiples personajes, des- de un palote hasta una madre que busca incansablemente el cuerpo de su hija desaparecida. Así se desarrolla Los huesos , lamás reciente obra de la dra- maturga y directora Manuela Infante (1980), estrenada en marzo enMatucana 100, donde explora las “existencias ines- tables que emergen de la catástrofe de sentido que supone la desaparición forzada”, según la descripción del montaje. “No están. No saben dónde están” es la primera frase que pronuncia Salinas y que, para el público chileno, remite inevitablemente a la historia de las 1.469 víctimas de desa- parición forzada durante la dictadura, cuyos cuerpos nunca fueron recuperados por sus familias. Pero, como sugiere la propia antropóloga, la tragedia no se agota allí: continúa expandiéndose en un tiempo que la dramaturga presenta como algo no lineal, donde el pasado, presente y futuro son capas que van solapándose. Los huesos es parte de la investigación de largo aliento que ha hecho Infante sobre los vínculos entre lo humano y lo no humano. Partió en 2016, cuando la dramaturga aún era parte de Teatro de Chile, la emblemática compañía con la que debutó en 2002, cuando con solo 22 años —junto a sus compañeros de Teatro de la Universidad de Chile—pre- sentó Prat , una obra que escandalizó por mostrar al héroe naval Arturo Prat como un adolescente frágil, descreído y un poco alcohólico. Aunque aún no semontaba, se corrió la voz, y rápidamente exoficiales, políticos y otras autoridades quisieron censurarla. La polémica terminó con la renuncia de Nivia Palma, coordinadora del Fondart, entidad que ha- bía financiado el montaje. Más allá de la batahola pública, la obra puso en el mapa a Manuela Infante como una de las voces más interesantes y provocadoras de su generación. En esos años, el interés de la dramaturga y de sus colegas —entre los que estaba Héctor Morales, Cristián Carvajal, María José Parga y Juan Pablo Peragallo—era cómo se cons- truían los discursos históricos, al mismo tiempo que hacían una reflexión metateatral sobre cómo era su propio proceso artístico. De esas inquietudes nacieron obras como Juana (2004), sobre la figura de la santa francesa Juana de Arco; Cristo (2008), que planteó la imposibilidad de representar algoque ya es una representación, y Ernesto (2010), inspirada enuna obra del romanticismode la dramaturgia local. Hasta que en 2016, la compañía dio un giro en su investigación con Realismo , en la que Infante intentó cuestionar por primera vez la nociónmoderna del ser humano y planteó la pregunta que la seguiría obsesionando hasta hoy: ¿sería posible pen- sar en un teatro no antropocéntrico, o incluso poshumano? 41
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