Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

Ambos procesos ayudan a explicar la incertidumbre ac- tual y la dificultad para interpretarla. Pero también ayudan a entender por qué muchas de las categorías con las que seguimos pensando el mundo resultan insuficientes. Bue- na parte del debate público continúa operando con marcos heredados del siglo xx, como si el entorno internacional fuera el mismo de hace treinta años. No lo es. Y cuando las herramientas no se ajustan a la realidad que buscan expli- car, la desorientación no disminuye: se profundiza. El mundo que conocíamos, con sus jerarquías relativa- mente claras y sus promesas de progreso, ya no existe. Pero el mundo que vendrá todavía no termina de tomar forma. No sabemos qué tipo de orden emergerá de esta tran- sición. Se habla de multipolaridad, de competencia entre grandes potencias o de fragmentación. Probablemente haya algo de verdad en todas esas descripciones, pero nin- guna captura del todo la situación actual. Lo que vivimos se parece más a un interregno entre órdenes que a la consoli- dación de uno nuevo. Esta incertidumbre también tiene efectos políticos y culturales. Cuando el futuro deja de ser evidente, crecen la ansiedad y el miedo. Las expectativas de progreso se debilitan y proliferan explicaciones simplistas que pro- meten recuperar un orden perdido. En ese contexto, la urgencia por tener respuestas rápidas suele reemplazar a los intentos de comprensión. Sin embargo, comprender sigue siendo indispensable para evitar diagnósticos equivocados e improvisaciones. Comprender significa intentar leer las estructuras que nos condicionan e identificar las opciones de acción que se abren dentro de ellas. La acción no ocurre en el vacío: ocurre en un entorno que impone límites, pero que tam- bién ofrece márgenes. En ese sentido, necesitamos avanzar hacia una forma de adaptación creciente: una manera de actuar que no ignore las restricciones del entorno, pero que tampoco se limite a administrarlas. Adaptarse crecientemente no es resignar- se. Es reconocer las condiciones existentes para intervenir sobre ellas y ampliar los márgenes de libertad y acción. El mundo que conocíamos ya no está allí para guiarnos. Y el mundo que vendrá todavía no aparece con claridad. Quizás el desafío de nuestro tiempo sea precisamente ese: aprender a orientarnos en medio de la incertidumbre. Asu- mirqueelmundoqueconocíamosyanoexiste, sinrenunciar a actuar. Porque comprender es solo el primer paso. Lo que sigue es más incómodo: actuar sin certezas, en un escenario cuyas condiciones no elegimos, pero que sí podemos trans- formar. Si queremos salir de este presente sin horizonte, necesitamos también imaginar proyectos de futuro que nos permitan darle dirección a nuestras decisiones. No negar la oscuridad ni prometer amaneceres inmediatos, sino apren- der a navegar en la nochemientras dibujamos el mapa. Unamujer durante un apagón en LaHabana, el 21 demarzo de 2026, cuando la red eléctrica cubana luchaba por sostenerse en medio del bloqueo petrolero de Estados Unidos. Crédito: Yamil Lage/afp 39

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