Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

Chat-gpt, es decir, la que es capaz de generar conteni- dos y aprender a partir de modelos que se entrenan con gigantescos volúmenes de datos. Dicho en simple, la ia que imita a los seres humanos. Por entonces, los computadores que usaba Bae- za-Yates tenían 64 kilobytes de memoria; hoy es difícil, quizás imposible, encontrar un pendrive con tan poca capacidad. “Me sorprende que hoy tengamos que usar memorias gigantescas, cuando en esa época uno pro- gramaba con un pc de 64 kilobytes”, cuenta. “Lo que uno tiene aquí, en el celular, son 128 gigabytes. Eso son dos millones de veces más de memoria... Dos millones de veces. ¿Cómo podemos estar usando tanta memo- ria? Es una cosa que nunca entendí. ¿Por qué somos tan ineficientes cuando fuimos tan eficientes al comienzo? Yo creo que abusamos, porque la memoria es barata”. ¿El mundo de la computación en el que empezaste se parece en algo al actual? —En nada. Cuando estaba terminando la universidad, en 1985, fue cuando se empezó a tener correo electró- nico. Se usaba un teléfono y un módem. Cuando me fui a hacer un doctorado ahí sí había internet como la conocemos hoy, pero solo algunas universidades del mundo tenían. Era un mun- do muy distinto, pero lo que me gusta de eso es que lo fui descubriendo todo mientras se desarrollaba. Tengo la ex- periencia de cómo se hizo el camino hasta el presente. ¿Hace diez años era pre- visible el desarrollo que ha alcanzado la ia? —Creo que se veía venir, porque la revolución comen- zó en 2012, con la posibilidad de tener mucha cantidad de datos y capacidad de procesamiento, gracias a las gpu [unidades de procesamiento gráfico]. A partir de eso em- pezaron a aparecer los primeros resultados interesantes, como que los sistemas reconocieran una imagen. Eso fue hace quince años. De ahí en más, el avance fue cada vez más rápido, por ejemplo, con la arquitectura de Transfor- mers, una estructura de red neuronal que se usa en los grandes modelos de lenguaje que utilizan los chatbots. Eso fue en 2017. Y desde 2022 hemos tenido este boom de la ia generativa. A tu juicio, ¿qué es lo más interesante que ha pasado desde entonces? —En estos últimos cuatro años aprendí que no es tan difícil imitar el lenguaje humano usando patrones esta- dísticos. Es decir, con una gran cantidad de datos podemos imitar el lenguaje humano de manera perfecta... sin que la máquina entienda nada de lo que está generando. E s doctor en computación, especialista en datos y búsqueda web, en algoritmos, inteligencia artificial y bioinformática, y en 2024 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecno- lógicas. Ha trabajado en empresas como Yahoo, ha sido parte de comités y consejos de ética e ia, cofundó Optia (Observatorio Público para la Transparencia e Inclusión Algorítmica), fundó y dirigió el Centro de Investigación de la Web de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile y el Grupo de Ciencia de la Web y Computación Social de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Hoy vive y trabaja en Silicon Valley, la capital mundial de la computación; sigue vinculado a las universidades de Chile y Pompeu Fabra, y es profesor del Instituto Tecno- lógico Real en Estocolmo, Suecia. “El resto del tiempo es consultor de emprendimien- tos y empresas tecnológicas además de instituciones internacionales sin fines de lucro, especialmente en ia responsable”, dice el sitio web de Ricardo Baeza-Yates (Santiago, 1961), quien, cuando llegó en 1979 a estudiar ingeniería en la Universidad de Chile, nunca había usado un computador; de hecho, ni siquiera existían los pc. El primero, el de ibm, apareció el 12 de agosto de 1981. “Mi familia era de clase media-baja”, cuenta a través de una videollamada. Ya en la universidad, en el primer curso de introducción a la programación, el joven Bae- za-Yates se acercó al mundo de los ceros y unos, aunque ahí tampoco usó y ni si- quiera vio un computador: “Usaban una cosa llama- da pantalla de papel”, dice. “Uno escribía el programa en una hoja y luego alguien lo ejecutaba. Tenías que preocuparte mucho de la sintaxis porque, si tenías un error, no tenías resultados”. Recién en el tercer año de estudios tuvo la posibilidad de usar un computador, un terminal ibm. Lo que lo apasionó y lo llevó a hacer de la computación su carrera fue la lógica necesaria para escribir los progra- mas. En particular, recuerda, fueron importantes para seguir el camino de los algoritmos sus profesores Patricio Poblete y Jorge Olivos. En 1983 se tituló de bachiller en computación, en 1985 de ingeniero civil eléctrico y magíster en ciencias de la computación, en 1986 de magíster en ingeniería eléctri- ca—todo en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Chile—, y en 1989 se doctoró por la Universidad de Waterloo en Canadá. El juego de la imitación | En los años ochenta no ha- bía atisbo de lo que hoy conocemos como inteligencia artificial generativa, esa que los legos conocimos con “Yo la llamaría inteligencia computacional, es decir, algo que no tiene que ver con la inteligencia humana, sino con una gran capacidad de cálculo y de memoria, pero que gasta mucho más energía que nosotros. Nuestro cerebro, con 30 watts, hace cosas increíbles”. 35

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