Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

supone un agente con preferencias ordenadas y un entorno de señales relativamente coherente; la teoría clásica de la socialización asume que las transiciones biográficas ocu- rren en marcos institucionales —familia y escuela— que ofrecen cierta orientación normativa consistente. Esas condiciones no se cumplen en el escenario actual. Lo que emerge es una figura inquietante: el joven debe construir un proyecto de vida en ausencia de un consenso social bá- sico sobre las reglas del juego y las perspectivas de futuro individual y colectivo. La incertidumbre ha sido desplazada desde las ins- tituciones hacia el individuo. Visto desde fuera, este panorama puede leerse como una ampliación de opciones. Visto desde dentro —desde la experiencia co- tidiana de un estudiante de 15 o 16 años—, adquiere otra tonalidad. Se trata de un espacio saturado de mensajes contradictorios: “sin educación no hay futuro”, pero tam- bién “no necesitas estudiar para tener éxito”; “elige bien tu carrera”, pero asimismo “las carreras del futuro aún no existen”; “esfuérzate en el sistema”, pero al mismo tiem- po “el sistema está obsoleto”. En ese contexto, la decisión educativa deja de ser una elección informada entre alternativas estables y se trans- forma en una apuesta bajo condiciones de ambigüedad radical. Optar por una educación institucional extendida implica confiar en la persistencia de un orden que muchos declaran en crisis; elegir trayectorias alternativas implica asumir riesgos elevados en mercados volátiles, desregula- dos y profundamente desiguales. En los dos casos, el costo del error es potencialmente alto, y no es claro cuán reversi- ble resulta. La pregunta para la investigación educativa, la políti- ca pública y la educación institucional es ineludible: ¿en qué medida los sistemas educativos contemporáneos están equipando a sus estudiantes con las herramientas cognitivas, personales y deliberativas necesarias para tomar decisiones razonadas en contextos de disonancia normativa estructural? Una educación que forme para la incertidumbre contemporánea no es la que entrega certe- zas ilusorias, sino la que desarrolla la capacidad de actuar con criterio cuando las respuestas no están disponibles. Así, el problema no radica únicamente en la capacidad de los sistemas educativos para orientar decisiones, sino en su dificultad para reconocer y entender el escenario en que esas decisiones ocurren. Cuando las reglas del juego son objeto de disputa y las promesas de futuro divergen radicalmente, decidir deja de ser un acto de mero cálculo y se convierte en una toma de posición frente a la incer- tidumbre. El joven no solo debe decidir si estudiar y qué estudiar, sino también en qué versión del mundo creer. Felipe PoGa​ 33

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