Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

rápido, fugaz, transitorio. Lo que sea capaz de permanecer será visto como resistencia, patrimonio o herencia; quizá necesite mecanismos de protección que ayuden a evitar lo que denominamos inevitable. El solo uso de la palabra “inevitable” empuja una idea fuerza, devela una dinámica intuida, un curso de las cosas. Frente a esto, imagino espacios tensionados por las nuevas tendencias que trae el capitalismo. Ya no se trata solo de la dimensión neoliberal que privatiza, segrega, clasifica y crea diferencias a toda escala —sobre esto hemos leído bastan- te—, sino de la irrupción de otras variables, como el exceso de control, que hoy es deseado y demandado por la propia población. Las cámaras todo lo inundan, y los dispositivos de reconocimiento biométrico a distancia abren un paisaje que no conocíamos: el del no anonimato y de la circulación ya no de personas, sino de datos, de información viva capaz de registrar de quién, cuándo y dónde. El hombre-hormiga que imaginaba Huidobro, ese número que semueve y sufre y bai- la, ya es parte del paisaje del futuro, de esa geografía viva de lo vivo, de la articulación dinámica de un espacio vivido que será representable a través del dato específico, preciso, y del movimiento, que será seguido no solo por las cámaras, sino también por nuestros propios dispositivos, a los que volunta- riamente leshemosentregadotodoacambiodeesaseducción —imposible de evitar—de lo inmediato. Estos nuevos paisajes crearán los mapas que aún no co- nocemos, y se moverán con nosotros en tantas dimensiones como podamos imaginar. Mapas en tiempo real capaces no solo de mostrarnos por dónde y cómo llegar, sino también de indicarnos con quiénes nos vamos a cruzar y cómo lo haremos en un lugar exacto que estará, además, cargado de múltiples contenidos, esta vez, en el plano sensible: ¿tendrá hambre? ¿Me está evitando? ¿Estará fingiendo? Estas pre- guntas ya no serán necesarias, pues pasarán a formar parte del nuevo paisaje de la información. Si el emperador mongol Kublai Kan fue inquieto y le pidió a Marco Polo que le hablara de ciudades como Zaira, Fedora o Ersilia—esperando encontrar en ellas lo que apenas podía imaginar—, quizás hoy exigiría respuestas visibles, repre- sentadas en simulaciones donde la realidad es apenas un detalle. Lo posible ha pasado a ocupar el lugar de lo imagina- ble, desplazando a la propia realidad: avanza con la rapidez de nuestras emociones, que apenas se inmutan cuando esas posibilidades se materializan mientras las pensamos. Tal vez este relato parezca ridículo para quienes hoy habi- tan ese espacio de datos sensibles, no por lo que contienen, sino porque en ellos se dibuja una geografía radicalmente más-que-humana, ajena al anonimato y cargada de detalles que nos sumergirán en esa extraña pero tangible realidad del dato profundo. Los paisajes del futuro estarán contenidos en nosotros mismos, pero podremos externalizarlosmediante algún dis- positivo que los pondrá demanifiesto en una versión posible de alguna realidad a la carta. Si será virtual o no, será solo un detalle, quizás un adjetivo, con suerte. Porque una de las cosas que estos días nos han enseñado es que las verdades posibles y la dimensión “real” de aquello que llamamos la realidad quedan contenidas en la voluntad y en las emocio- nes que nos mueven. Para bien y, sobre todo, al menos enmi opinión, paramal. Fotografía de 1967 de la Población Exequiel González Cortés, conocida comoVilla Olímpica. Crédito: Víctor Rebuffol Luengo / Colección de FotografíaMuseoHistóricoNacional. 27

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=