Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
—A mí me gusta ayudar a la gente, ¿sabes? —me dijo un día. Cuandome pasa la ollita cascada con los tres chorizos y las papas fritas al disco se ve feliz. Me pregunto si el algoritmo le habrá mandado los mismos videítos que a mí. Si le hizo pensar que en el futuro lo reemplazará una robot de andar sensual que pasará comida a los vecinos salvando los alam- brados, las rejas, los cables electrificados, las alarmas. Desde hace tiempo tengo la idea fija de que el futuro es una imagen añeja que en su momento nos impactó y luego se disolvió en el aire. Hablo de películas y libros de ciencia ficción, la mayoría producidas en Estados Unidos. Cuan- do veo a Trump, Milei, Musk, incluso a Epstein; por detrás aparece la imagen de Lex Luthor, el Guasón, el androide Roy Batty o los cómics. El futuro parece algo que ya fue escrito en el pasado y el producto comercial IA en una evidencia de su falta de imaginación. Hace años leí “El texto, tierra de nuestro hogar”, deGeorge Steiner. Si la memoria no me traiciona, en una parte postu- la que la misión del pueblo judío es cumplir con lo que está escrito en los libros sagrados: primero escribieron y luego tuvieron que representar lo escrito. Me pareció una idea bellísima. Ahora que veo al futuro representar lo que fue escrito en los libros sagrados, en las novelas, en las películas de ciencia ficción, en los comics me parece aberrante. Preguntarse por qué, en vez de representar Blade Runner o Superman , no re- presentamos El rayo verde , de Julio Verne, suena a idea vieja, gastada. El asunto sería buscar otras formas de vivir que no sean representar o cumplir con lo escrito. O representarmal, con errores, defectos, vacilaciones, y de esa forma no llegar jamás al futuro prometido. —Que lo disfruten—se despidemi vecino. Vuelvo a la morera con la ollita cascada en las manos. Mi profesora, que supuse vegetariana, se muestra encan- tada con los chorizos y las papas fritas. Chuparse los jugos grasosos impregnados en los dedos nos hace olvidar la angustia que nos causó pensar en el futuro y volvemos sin demora al presente de la sombra de la morera, las re- poseras, el calor del verano, los pajaritos; uno de los gatos, el colorado, espera a nuestro lado que le demos un trozo de chorizo. No sé cómo pasó de temerle a los desconoci- dos —cuando recibíamos visitas, se escondía hasta que partían—a estar al lado nuestro y recibir con paciencia las caricias. Creo que le tomó el gusto a la llama, el chisporro- teo del carbón, el olor de la carne, el trayecto de la tabla; primero con la carne cruda y luego asada, los jugos que resbalan por la madera al suelo, el sonido de los cubiertos, la espera en el piso con la mirada firme en alto, la mano que le acerca un pedazo de chorizo y la caricia. Nosotras también le tomamos el gusto al presente, y de chorizo en papa frita, el futuro se tuvo que ir por donde vino. Mychele Daniau/afp 9
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