Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

arte contemporáneo—. En este caso, hay un oportuno diseño museográ- fico que atiende a la especificidad de la propuesta de Alÿs, a tal punto que al salir del Centro uno se pregunta: ¿podría haber sido de otra manera? Y la respuesta obviamente es no . No hay otra forma de exponer los juegos de niños que no sea esta. Las 22 piezas expuestas fueron he- chas con Rafael Ortega, realizador audiovisual mexicano, su otro gran colaborador además de Medina (tra- bajaron juntos en la célebre pieza “Cuando la fe mueve montañas”, de 2002, donde a punta de pala y 500 voluntarios movieron una duna en Perú). Su aporte a las obras es eviden- te, ya que los videos logranmostrarnos narrativamente en qué consiste cada juego, cuáles son sus reglas y caracte- rísticas y, además, quiénes lo ejecutan (no es una cámara fija aburrida que pretenda engañarnos con la idea de un “ojo neutral” o puramente docu- mental). Esto no es azaroso, pues el objetivo de Alÿs —quien se fija como regla previa que los juegos estén en el espacio público y sin la intervención de ningún adulto— es que cada video exprese del modo más claro y frontal la dinámica de los entretenimientos infantiles. Al involucrar diversas cul- turas, ocurre que el propio Alÿs y su equipo no hablan los idiomas de los niños, y deben entender cómo se jue- ga cada cosa simplemente a través de la observación y la lógica (lo cual re- fuerza la idea de que en todas partes los niños se aburren y entretienen por igual). Con ello, los registros fortale- cen su carácter didáctico y narrativo, casi como en el cine mudo, que sin diálogos hablados debía dar cuenta de historias y emociones. Nosotros, como espectadores, debemos en- tender también por pura intuición y conocimiento previo la operativa de los diferentes casos (y, curiosamente, no cuesta hacerlo). La experiencia del juego es algo que difícilmente se agota, ya que con cada pieza surge un viejo recuerdo que, de a poco, se hace más claro en nuestra memoria. Independiente de la clase, el género y la nacionalidad, pareciera que las formas en las que se quita el aburrimiento en la infancia son más o menos uniformes y, en ese sentido, manifiestanlocomúndeunmodoúni- co. En tiempos donde la política solo expresa fragmentación y la cultura hegemónica tiende al individualismo, los juegos nos recuerdan que es en el colectivo donde reside el verdadero bienestar. Además, la manera en que los diversos juegos funcionan nos re- vela que incluso cuando no hay figura de autoridad presente—que en el caso de los niños sería el adulto—, las re- glas de convivencia siempre existen y el orden prima demanera natural. Esto va a contrapelo de la sensación general de nuestra época, que busca patriar- cas poderosos que “vuelvan al orden” en una sociedad que se percibe como fuera de norma. Allí donde los apoca- lípticos y agoreros anuncian el fin de todo acuerdo social, los niños deMosul (Irak) logran ponerse de acuerdo para jugar fútbol entre calles de tierra y rui- nas de edificios bombardeados. Contrario a lo que pensaríamos des- de la solemne adultez, los juegos de niños—pareciera—son cosa seria. francis alÿs. juegos de niñxs, 1999-2022 Centro Nacional de Arte Contemporáneo (cnac). Av. Pedro Aguirre Cerda 6100, Cerrillos Hasta el 29 de marzo de 2026 Jorge Sánchez 57

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=