Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

palabra de estudiante L a materia ya no sostiene el sentido; la realidad se disuel- ve en un espacio intangible, luminoso y frío —las panta- llas— donde todo es accesible, pero nada nos pertenece. Estamos rodea- dos de imágenes que no remiten a ningún cuerpo real; voces que no pro- vienen de garganta alguna. Después de 2020 esto se profundizó: el mundo es cada vez más una proyección de sí mismo. La nube guarda memorias, los algoritmos aprenden gestos, pre- dicen palabras. Simulacro y fábrica de presencias fantasmales: un yo que se confunde con otro, un reflejo de nues- tras propias carencias mira, responde, pero detrás no hay un otro real. En un planeta que se calienta y una economía que se enfría, en un mundo donde todo parece derrumbarse, la tecnología nos ofrece control, una vida más predecible: orden, eficacia, eterni- dad. Pero ¿qué vínculo puede nacer de algo que no respira? El alivio pronto se revela como anestesia. Dejamos que las máquinas piensen por nosotros, pero sin la contradicción humana. Quere- mos que nos acompañen, pero sin la vulnerabilidad que implica involucrar- se con otro. Ahí reside el monstruo, en la renuncia al temblor que hace autén- tico el encuentro, en la desaparición del cuerpo. Con el dato, la corporalidad interfiere; y aun así buscamos a unotro que hable como si supiera, como si re- cordara. Esa paradoja muestra que la frontera entre lo tangible y lo intangi- ble ya no pasa por lo físico, sino por la capacidad de sentir. Lo intangible se ha vuelto lo que más nos toca, aunque no podamos tocarlo. Lo invisible gobier- na; los sistemas deciden qué merece visibilidad y cómo debemos verlo. La materia se ha vuelto sospechosa, y el dato, una forma de fe: creemos en lo que se ve, aunque lo que se ve cada vez nos pertenecemenos. ¿Qué significa serhumanos cuando la humanidad puede ser imitada? Lo intangible, quizás, no es el algoritmo, sino eso que escapa a él: la emoción no traducida, lo que aún no cabe en el celular. Lo tangible está en lo que resiste ser copiado, el latido que no produce la máquina, el silencio entre las palabras. No tenemos que recha- zar la tecnología, sino mirar sin la mediación constante de la red, escu- char sin esperar respuesta inmediata, escribir sabiendo que cada palabra puede perderse. Lo tangible es la con- ciencia de la pérdida; lo intangible, la ilusión de eternidad. Lo digital no es lo opuesto de lo real, sino su traducción más frágil. Lo invisible también puede ser ma- teria, siempre que no olvidemos que toda imagen necesita un cuerpo que la sostenga. Por eso, el futuro no será elegir entre una cosa u otra, sino re- conocer que incluso el código más abstracto fue alguna vez escrito por una mano. Cuando entendamos esa continuidad, el humano podrá inven- tar tecnologías capaces de sostener la vibración de lo vivo sin borrarlo. Entonces podremos mirar al mons- truo desde el encuentro, distinguir lo que brilla de lo que respira y se- guir recordando que todo lo que nos hace humanos empieza, siempre, por el tacto. elmonstruo invisible constanza peña schneider Estudiante de tercer año de Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile 45

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