Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile
vestigaciones en biología y etología (el estudio científico de la conducta y la comunicación animal) han demostra- do que los animales se comunican de manera mucho más compleja de lo que se creía, lo que ha llevado a que un nú- mero cada vez mayor de teóricos y académicos reconozca que el lenguaje —y, por extensión, el pensamiento—no es una facultad exclusiva de los seres humanos. “Para muchas personas, especialmente aquellas que viven o trabajan con otros animales, la idea de que los animales se expresan es una cuestión de sentido común. Llamar a esto ‘lenguaje’ es más controvertido: muchos seres humanos distinguen entre comunicación y lengua- je, y piensan que los animales no humanos son capaces de lo primero, pero no de lo segundo”, dice la filósofa. Y agrega: “La filosofía resultó ser un proyecto de humanos pensando en humanos. Incluso en la ética animal, los fi- lósofos se preocupan principalmente de la forma en que los humanos deben tratar a otros animales, no se intere- san por sus ideas”, dice. Pero eso comenzó a cambiar. En la década de 1970, teóricos como el filósofo australiano Peter Singer plan- tearon que los animales comparten con los humanos aspectos relevantes, como la capacidad de sufrir, y por tanto merecen una consideración moral similar. En los estudios científicos empezaron a ser tomados más seriamente como sujetos, y en el ámbito de la filosofía política, pensadores como Sue Donaldson y Will Kymlic- ka propusieron reconocerlos como agentes políticos. “Este paso de la consideración ética a la participación política desplaza las preguntas sobre cómo deben ser tratados a cómo se puede obtener más información so- bre la manera en que los animales quieren vivir su vida”, escribe Meijer en When Animals Speak . A pesar de estos avances, la pregunta por su lengua- je seguía sin ser explorada. “No soy solo filósofa, sino también poeta, novelista y compositora, y me interesan mucho las diferentes formas en que funciona el lengua- je. Para mí, estaba claro que otros animales hablan. Así que empecé a investigar la cuestión de la voz política en relación con los animales no humanos, así como la cuestión del lenguaje en general”, explica Meijer, quien actualmente trabaja como investigadora posdoctoral en la Universidad de Ámsterdam. El resultado de esas investigaciones es el mencionado When Animals Speak , un libro donde desarrolla una nue- va comprensión del lenguaje de los animales, basada en la multitud de expresiones y formas de crear significado que estos tienen. Desde los perros de las praderas que describen con detalle a los intrusos en sus llamadas de alarma hasta los delfines que se llaman unos a otros por su nombre usando un sonido particular, los animales, según Meijer, tienen su propia perspectiva de la vida y sus propias formas de comunicarla. “La agencia política, la pertenencia a la comunidad política y muchos otros conceptos están relacionados con el habla. Dado que no se considera que los demás animales sean seres que hablan, no se les toma en serio como agentes políticos. Sin embargo, esto se basa en una visión problemática del lenguaje, en la que es conceptualizado desde la perspec- tiva humana. Los animales no son seres mudos, sino que son silenciados a través de las relaciones de poder y las formas de dominación”, advierte. En su libro, expone el caso de un avión que en 2010 tuvo que regresar al aeropuerto de Schiphol, en los Países Bajos, tras colisionar con una bandada de gansos que pro- venían de la gran reserva natural de Oostvaardersplassen. En un primer momento, el gobierno neerlandés lo encaró como un problema de plaga y le encargó a una empresa la matanza de 15.000 especies. Más tarde, organizaciones animalistas y el Partido por los Animales propusieron alternativas no letales. Ninguna de las soluciones, dice Meijer, puso en el centro a los gansos. “Ellos se comunican entre sí mediante sonidos, olores, gestos, movimientos físicos, el tacto, la voz, el contacto visual y la realización de ciertos rituales”, dice la filósofa, advirtiendo que además pueden aprender cosas nuevas, desarrollar rutinas personales y tomar decisiones en gru- po. Meijer identifica en el comportamiento de los gansos ciertas prácticas humanas, como la ocupación ilegal y la deliberación, lo que serviría para conceptualizarlos en clave política. El ejemplo muestra cómo es posible desa- rrollar nuevas formas de relacionarse con los animales, lo que según la autora nos volvería más democráticos. “Es- tamos siendo testigos de un auge del autoritarismo y del fascismo, lo que tiene que ver con la decepción de los seres humanos con la política. Necesitamos nuevas prácticas e instituciones políticas para reparar las democracias. En la transición hacia formas de vida más justas, los derechos, las nuevas formas de educación multiespecies y el cambio cultural también tienen un papel que desempeñar”. “En la filosofía política y en el debate público se pone mucho énfasis en hablar y, hoy, en hacerlo lo más alto posible. Esto ocurre a costa de las voces más bajas, de la escucha y de la posibilidad de convivir con las diferencias”. 42
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