Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile
N o hace faltamirarmuy lejos para encontrar algo hecho con plástico. Derivado del petróleo, este material se ha vuelto omnipresente en el últi- mo siglo: está en las bolsas de las compras, en los envases, en las fibras con las que se fabrica la ropa. Es infinitamente versátil, pero esa característica lo está trans- formando no solo en un problema ecológico, sino también de salud pública. Cada año se producen más de 400 millones de toneladas de plástico en el mundo —según el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (unep)—, peromás de lami- tad se transforma endesecho:menos del 10%se recicla, una parte se incinera y la mayoría termina —en distintos tama- ños—en el medioambiente. El océano se ha convertido en uno de los principales des- tinos de estos desechos. Son conocidos los enormes parches de basura flotante —llamados “islas de plástico”— en los giros oceánicos, o las imágenes de animales marinos con los estómagos llenos de este material, que confunden con comida. Pero en los últimos 20 años se ha descubierto que el plástico también ha llegado al organismo humano. Lo respiramos, lo comemos y lo bebemos sin notarlo. Y hoy la ciencia comienza a revelar las consecuencias. El plástico es unmaterial extremadamente resistente: casi no puede eliminarse, solo se fragmenta en trozos cada vez más pequeños. Se desconoce la velocidad con la que lo hace o el tiempo que toma su degradación completa, pero se esti- ma que, salvo el que ha sido incinerado, prácticamente todo el plásticoproducidoen lahistoria aúnpersiste enel planeta. Sin embargo, la exposición a las condiciones del medioambiente —radiación, viento, agua, abrasión— lo vuelve quebradizo, y su uso cotidiano libera de forma cons- tante fracciones microscópicas: microplásticos, partículas de menos de 5 mm de tamaño, y nanoplásticos, aún más pequeños, de menos de una micra (μm), es decir, una milé- sima demilímetro. Para dimensionarlo, un cabello humano tiene unas 80micras de grosor. De ahí que los microplásticos estén por todas partes. Han sidodetectados en la superficie del océano y en los sedimen- tos del fondo; en las tierras de cultivo, en las montañas más altas, el hielo marino, los lagos y los ríos. También en los alimentos, el agua y el aire; en más de 1.300 especies acuá- ticas y terrestres, y en distintos tejidos y órganos del cuerpo humano. Aunque todavía faltan estudios epidemiológicos amplios y de largo plazo, existe evidencia emergente sobre sus posibles efectos, sostiene Rosa Busquets, profesora e investigadora en Química Analítica y Forense de la Univer- sidad de Kingston, Reino Unido. “Se están encontrando partículas de plástico en el ce- rebro, en la retina, en el ateroma —la capa de grasa de las arterias—, en los testículos. Aunque no tenemos la certeza, porque estos estudios epidemiológicos no se han hecho, se entiende que tener partículas allí no es bueno”, dice. Cada vez haymás pruebas sobre la cantidady el lugar don- de se acumulan los microplásticos en el cuerpo, incluyendo el corazón, la placenta y la sangre, además de su vínculo con enfermedades crónicas como lademencia y las cardiopatías. Una revisiónde31 estudios lideradaporNicholasChartres, investigador de la Facultad deMedicina y Salud de laUniver- sidad de Sídney, concluyó que existe una sospecha fundada de que la exposición a microplásticos daña la salud repro- ductiva, digestiva y respiratoria humana, además de estar potencialmente vinculada al cáncer de colon y pulmón. Pero la evidenciaaúnse consideramoderada, yaquegranpartede los datos provienede experimentos enanimales. Los análisis en humanos todavía son escasos, debido a las restricciones éticas que implica investigar en esta especie. “Para que la evidencia se considere ‘presunta’ o ‘conoci- da’, y por lo tanto sea más sólida, necesitaríamos ver más estudios de alta calidad en animales o en humanos que arrojen resultados consistentes”, explica Chartres. No obs- tante, dada la ubicuidad de los microplásticos y la creciente evidencia sobre sus efectos adversos, los investigadores recomiendan tomar medidas para prevenir o reducir la ex- posición humana. “El nivel de certeza científica no es algo absoluto, es un continuo, y los gobiernos deberían aplicar el principio precautorio, es decir, la norma que exige tomar medidas para prevenir daños potenciales almedioambiente o a la salud humana”, asegura. El científico agrega que existen numerosos casos en que los impactos negativos de diversas sustancias sobre la salud —en ámbitos como el cáncer, la reproducción, la neuro- logía, la genotoxicidad y la inmunología, entre otros— se detectaron primero en estudios con animales, mucho antes de confirmarse en humanos, incluso con décadas de dife- rencia. Por eso, los expertos coinciden en que es urgente actuar antes de que seamuy tarde. Cada día se pueden inhalar hasta 68.000 partículas de plástico en el aire interior —ya sea en el hogar o dentro del automóvil—, según detectó un estudio reciente de la Uni- versidad de Toulouse, Francia. Es cien veces más de lo que se había estimado. En casa, las partículas son principalmen- te de polietileno —procedente de bolsas, tuberías, envases o juguetes—, mientras que la poliamida es más común en las cabinas de automóviles, ya que se usa en textiles, piezas mecánicas y la industria química, entre otras. “La cantidad de microplásticos que inhalamos depen- de de factores como la capacidad pulmonar, las fuentes de emisión y el tamaño del lugar cerrado. En nuestro estudio hablamos de espacios interiores y cuanto más pequeño, más concentración de microplásticos vemos por metro cúbico”, explica Lucía Pérez-Serrano, coautora del mencio- nado análisis e investigadora del Centro de Investigación sobre Biodiversidad yMedioAmbiente de laU. de Toulouse. “El hechode que todo esté rodeadode plástico va a influir en la cantidad a la que estamos expuestos”, agrega. 37
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