Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

no estar consciente. ¿Pero sabemos lo que es la conscien- cia? No hay consenso sobre una definición”, dice Melloni, quien desde 2019 participa en un estudio internacional con un objetivo inédito: poner a prueba las principales teorías sobre el origen de la consciencia mediante experi- mentos comparativos, tal como se hizo en 1919, cuando el físico Arthur Eddington contrastó la teoría de la relativi- dad general de Einstein con la de Newton para comprobar cuál describía mejor la realidad. Anil Seth, neurocientífico británico, dice que la consciencia no se trata de ser inteligente, sino de es- tar vivo. Para el científico alemán Christof Koch, estar consciente es vivir experiencias. Ambas definiciones parten de la existencia misma, más que de describir un proceso o sus características. ¿Estar consciente es equiparable a estar vivo? —Seth dice que estar consciente es estar vivo, es decir, puedes tener un sistema muy inteligente, como una inte- ligencia artificial, que no sea consciente. Y, por otro lado, puedes tener una aplysia [un invertebradomarino] que está viva y no es muy inteligente, pero puede ser consciente. La definición que más me gusta va por el lado de Koch. Para mí, la consciencia es la experien- cia vivida internamente. Es mi propia película, a todo color. Y no necesariamente se ve refle- jada en comportamientos. En segundo lugar, es intrínseca. Y, en tercer lugar, es medible: cada uno sabe cuándo está consciente y cuándo no. Lo difícil para la ciencia es que es una experiencia indescriptible para otra persona. ¿Cómo sabemos que alguien está consciente? Lo asumimos por- que se mueve, habla y se ve como uno. ¿Pero podemos saberlo realmente? No, es una inferencia. ¿Cómo se desarrolla una consciencia? ¿Cambia con el tiempo? —La respuesta es difícil, porque para hacer ciencia de la consciencia se necesita preguntarle a alguien más: ¿estás consciente? ¿Y cómo se le pregunta eso a una guagua? En la ciencia, tenemos que confiar en indicadores para luego validarlos. En este caso, los indicadores que tenemos son válidos solo para los adultos. En los últimos cuarenta años, lamayor parte de las investigaciones se ha hecho en adultos neurotípicos. Asumimos que las experiencias que tenemos hoy son similares a las que tuvimos a los 18 o a los 10 años o al mes de vida. No tiene sentido. Por eso, hemos cambia- do el foco de nuestras investigaciones para preguntarnos si podemos comprender la consciencia en sus variaciones. Creemos que esta cambia con el tiempo. Si lo pensamos en términos del lenguaje, podemos llamar a un color “café”, pero los niños lo pueden percibir antes de saber que ese es E n promedio, una persona adulta duerme siete horas al día. Al menos un cuarto de ellas pasa en un sueño profundo, un estado en que el cuerpo se bloquea de la cabeza hacia abajo. Dormimos como un tronco, dice el refrán popular. Es un lugar común, pero basado en una premisa real: durante varias horas desapare- cemos, somos ajenos al mundo, a nuestros cuerpos, incluso a nuestros pensamientos. No somos conscientes. Y, sin em- bargo, no es algo que nos cuestionemos mucho. La chilena Lucía Melloni, investigadora invitada de la Universidad de Nueva York y quien hoy lidera el grupo de investigación sobre Circuitos Neuronales, Consciencia y Cognición del InstitutoMax Planck en Alemania, comenzó su carrera de Psicología en la Universidad Católica de Chile haciéndose precisamente las preguntas que no nos hace- mos: ¿qué pasa cuando no estamos conscientes? ¿Cuáles son los estados que llevana la inconsciencia? Ese interés dio un giro cuando la pareja de su hermana sufrió un accidente y le diagnosticaron muerte cerebral. “Fue una experiencia desconcertante, porque son personas conectadas a máqui- nas, cuyos cuerpos están tibios, parecen respirar y algunos semueven, tienen reflejos”, cuenta por videollamada desde Alemania. “Soy capaz de tener sueños lúcidos, ese estado en que sabes que estás dormi- da, no puedes despertar, pero puedes controlar tus sueños. El día en que vi a la pareja de mi hermana, soñé con él. Y pensé: esto es raro. Estoy aquí, inmóvil, interactuando en mi cabeza, totalmente consciente. Y él, en su cama en el hospital, se mueve, pero está incons- ciente. En ese momento algo me hizo clic. ¿Cómo entender esta experiencia de la consciencia, que doy por sentada, pero que es interna y me permite existir? Porque si pierdo mi consciencia, desaparezco”. Melloni lleva dos décadas estudiando cómo pasamos de la consciencia a la inconsciencia, y cómo es posible medir algo que sabemos que tenemos, pero que es imposible ob- servar en otra persona. Sus áreas de investigación han sido la comprensión del lenguaje, el sueño y los procesos de aprendizaje y memoria, y ha intentado responder una de las preguntas más fundamentales y complejas de su disci- plina: ¿qué es la consciencia? “Cuando murió mi papá, me pasaron muchas cosas. Me di cuenta de que yo sabía cómo era la muerte, porque todas las noches desaparezco y no me asusto. ¿Y por qué le tenemos tanto miedo a la muerte, si todas las noches desaparecemos? Tenemos la sensación de que vamos a despertar, pero ¿quién te lo asegura? Nadie. Nos morimos todos los días y no es tan terrible, no nos damos ni cuenta. Si estás vivo, tienes el potencial de estar consciente porque tienes procesos cerebrales que te permiten prenderte y apagarte, y eso también implica que tienes el potencial de “Desde un punto de vista científico, podrías decir que el alma y la consciencia no son lo mismo, porque uno depende de cosas materiales, de la vida, y el otro depende de cosas inmateriales. Tu consciencia va a morir contigo”. 27

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=