Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile
de los seres humanos, transforman- do a cada individuo en agente activo, e incluso protagonista, de aquello que denominamos neoliberalismo ? El fundamento de la realidad he- gemónica del neoliberalismo no es el “bienestar” de las personas; sin embargo, la mercantilización de la existencia ha penetrado la vida cotidiana al punto que, según el economista serbio estadounidense Branko Milanovic, “las sociedades de todo el mundo están estructura- das de tal manera que alaban el éxito y el poder”, y ambos se expresan a través del dinero. Un efecto de esto es que las relaciones de referencia o pertenencia preindividuales (la familia, el territorio, la religión, la clase social) se van debilitando. Des- de esta condición de desarraigo las personas aceptan y valoran un ré- gimen de existencia que implica un alto grado de inseguridad cotidiana. Lo que percibimos en las redes so- ciales, en las encuestas de opinión, en las demandas de los votantes no es apatía y desgano, sino el presen- timiento de que el orden de nuestra cotidianeidad no durará demasia- do y que, además, parece imposible preparase para “lo que viene”. Ante la falta de un horizonte de sentido, el consumo opera como analgésico contra el peligro. Zygmunt Bau- man denominó “miedo derivativo” al que es efecto ante todo de un fuerte sentimiento de vulnerabilidad ; es decir, no es provocado directa- mente por la magnitud o la índole misma de determinadas amenazas reales y concretas, sino que es un efecto de la “ausencia de confian- za en las fuerzas disponibles”. Ante un futuro incierto, lo cotidiano es el intermitente olvido de que la resis- tencia es imposible . Nuestro entorno ya no es simplemente el de una na- turaleza imperturbable o un “suelo firme”, sino un gigantesco artefacto que funciona para nosotros como usuarios, como trabajadores, como consumidores; satisface nuestras expectativas en el siglo xxi. Pero es justamente esta condición del ser humano como destinatario del uni- verso digital lo que podría estar a punto de trastrocarse. Escuchamos con frecuencia decir que hoy la magnitud de las realidades y problemas que constituyen nues- tra cotidianeidad exceden nuestros marcos de comprensión. Lo que su- cede más bien es que ha desaparecido toda escala de la realidad . En su libro Indignación total (2020), el filósofo Laurent de Sutter escribe: “En un momento de calma lo reconoce: us- ted no entiende nada”. Pues bien, en un mundo donde “nadie entiende nada” (donde nadie entiende algo más allá de su limitada esfera de interés), el ordende las relaciones huma- nas dependerá por entero del mercado. El filósofo y crítico cultural Mark Fisher afirma- ba que el neoliberalismo es unheimlich : algo extrañamente fami- liar ; una realidad que justamente en su disponibilidad parece de antemano indiferente a los seres humanos y, en general, a cualquier forma de vida. También nombra todo esto como weird : la rareza de una “presencia exorbitante”, de algo que no enten- demos cómo puede existir, pues es extraña a nuestra capacidad de re- presentación. Sin embargo, está allí, en todos lados. En este escenario pa- radójico, ya no se trata de preguntar simplemente por formas de “resistir” o de “adaptarse”, sino por procesos de subjetivación o elaboración simbóli- ca del malestar. El desplazamiento desde la políti- ca a la economía, desde el Estado al mercado, desde la sociedad al indivi- duo, del deseo al goce, nos conduce a reflexionar la actual crisis de la de- mocracia. El capitalismo carece de política en la misma medida en que carece de cultura, de ideología, de sentido —en último término una cul- tura —que no dejaba de rearticularse. Sin embargo, como señalan Déborah Danowski y Eduardo Viveiros de Cas- tro en ¿Hay mundo por venir? (2019): “El sustrato infraeconómico del capi- talismo (…) se está modificando más de prisa que las superestructuras técnicas y políticas de la civilización dominante”. Lo que había sido el pa- radójico coeficiente “emancipador” del capital —destruyendo los órde- nes simbólicos y sus jerarquías—hoy deja sin relato el progreso de la cien- cia-técnica. La “humanidad” fue el sujeto de la historia universal, pero ahora casi ocho mil millones de individuos ya no pueden ser protago- nistas de un relato único. Esprecisamenteesaaceleracióndel progreso en el capitalismo tecnológi- co lo que es necesario pensar. ¿Acaso el desarrollo exponencial de la tecnología anuncia un “después” del capitalismo? Según Yuk Hui, creer que “la tecnología ha sobrepasado al capitalismo (…) supone pensar al capitalismo como una criatura humanoide a la que la disrupción tecnológica puede dejar obsoleta (…)”. Pero la tec- nología no desborda al capitalismo, sino a la forma humana de este: el libe- ralismo. La idea de que el capitalismo era directa expresión de un egoísmo propio de la “naturaleza humana” produjo el sentido común de que la planificación pública desde el Estado es inferior a los mercados competitivos como autorregulación de intereses individuales y corporativos. Según la filósofa feminista Nancy Fraser, “este sentido común neoliberal se ha derrumbado”; sin embargo, las “so- luciones” que surgen desde la social democracia y los nuevos populismos no hacen sino abundar la crisis. La hegemonía neoliberal se sostiene simplemente en la imposibilidad de imaginar el camino hacia una forma de vida diferente. ¿Cómo sucedió que algo tan abs- tracto como la financiarización de la globalización pudo establecerse como orden de la existencia colectiva “El futuro irrepresentable consiste en un progreso sin relato , un proceso de desarrollo tecnológico y crecimiento económico, pero que no tiene al ser humano como protagonista”. 16
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