Ensayos sobre socioautopoiesis y epistemología constructivista

Epistemología Constructivísta Un punto de inflexión Muchas de las nuevas actitudes que han conducido hacia una mayor ref1exión sobre el quehacer dc las ciencias sociales, tienen su origen en la antigua, pero renovada idea que sostiene que nos relacionamos con el entorno a través de experiencias activas que involucran, copártieipativamente, observadores con observaciones. En donde la in– vestigación deja de concebirse en tanto una reproducción en el vacío de la realidad -– entendida como el entorno "en sí"- sino como resultado de una actividad objeLÍvante, dependiente de las perspectivas de un observador. Esto parece muy obvio, pero tales condicionalidades internas no son del todo transparentes, destaca Luhmann (1991), pues si bicn toda información se presenta como selección dentro del campo de posibilidades que el mismo observador prediscña, apare– ce una vez realizada como selección del entorno, es decir, se experimenta como externa -como dala de la realídad. Ello se refuerza en su condensada externalización a través del lenguaje. He aquí las fuentes y eficacia práctica del "naturalismo" ingenuo de muchos científicos. Con toda la simplicidad de las reflexiones que destacan que no hay observaciones sin sus respectivos observadores, surgen los proyectiles que han removido la ciencia contemporánea. Ellos desprenden las ideas que los conocimientos que nos interesan, en cuanto investigadores, son resultados de operaciones, que mantienen estrechas depen– dencias con las limitaciones, perspectivas y medios que disponen sus observadores. Donde las explicaciones e interpretaciones científicas son también operaciones, eso sí secunda– rias, dentro de una sucesión recursivamente autosostenida de experiencias de observa– ción. En adelante se sostiene reiteradamente que las informaciones científicas no pue– den sustentarse en observadores neutros de ontologías trascendentales, sino que son rela– tivas al punto de vista y posibilidades del observador, es decir, a un contexto y trasfondo. No es, por lo tanto, casual que al centro del debate la epistemología (7) ocupe hoy un primer plano, acompañada, en el caso de las ciencias sociales, por la actual revalori– zación de la hermenéutica, la fenomenología, la etnometodología y el renovado interés por las metodologías cualitativas. Recordemos que estas últimas siempre han tenido como punto de apoyo una problematización de las operaciones inherentes a la observación e interpretación y que, por tal motivo, eran denominadas "blandas". El perspectivismo, que trasluce la primera entrada a estas propuestas, se concen– tra en destacar las limitaciones que se tienen para acceder a cuestiones simples y comple– jas, por la vía del proceder científico tradicional; como de las dificultades que se tienen para hablar del todo desde las partes o estas sobre sí mismas. Si bien la ciencia puede observar y describir desde posiciones privilegiadas (mal que mal es su función posicionarse de tal manera), no se encuentra en un punto que le pennita desarrollar descripciones de la totalidad de lo observable con el sentimiento de estar excluido de estas. Todo ello impide seguir sosteniendo una calidad y estatus de observador incues– tionable --fuera de perspeetiva- para los científicos. Nuestros privilegios -aún en tanto ideales- han quedado por tierra, ya que, en último término, los conocimientos del mundo se reciben a través de experiencias, las cuales están doblemente condenadas, por su incompletitud y su distorsión (8). Asumiendo esto último, con la profundidad que merece, nos hemos visto obliga– dos a repensar y problematizar nuestro habitual quehacer científico. Especialmente en su pretensión de minimizar nuestros efectos como investigadores, para enfrentarnos direc– tamente con la condición de responsables de una operativa observación/experiencia cons– tituyenle de realidad -en cuanto descripción- acerca de la cual hablamos. modelamos, ciframos y a la que, finalmente, pertenecemos e interferimos. 8

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