Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

202 Claudio Salinas, Hans Stange e Ignacio del Valle-Dávila cine documental opta también por las cabezas hablantes para filmar testimonios subjetivos con el objetivo princi - pal de aproximar al interlocutor de modo de producir una complicidad ética, que escamotee un efecto de tergiversa- ción del habla. En su análisis sobre el uso de este encuadre en los testimonios audiovisuales sobre el Holocausto, Mi- chael Renov (2015) sostiene que la amplia utilización del primer plano facial se debe, en gran medida, a su potencia para captar y condensar las emociones humanas. Como re- cuerda Renov, Béla Balázs fue uno de los primeros en inte- resarse por el primer plano, en el que veía un procedimien- to privilegiado que conseguía captar simultáneamente una «polifonía» expresiva, más rica que la palabra. A partir de Balázs, Renov afirma: «el primer plano puede ofrecer algo más que el mero espectáculo del sufrimiento. Puede per- mitir una cierta “proximidad” al otro, un vehículo visceral y duradero (si se lo archiva) para un encuentro ético y com - prensivo» (Renov, 2015, p. 9). Utilizamos el concepto de «voz de Dios» en un sen- tido amplio, inspirado en los trabajos de Fernão Ramos (2013) y Bill Nichols (2004), como un tipo de locución om - nisciente, situada en un nivel externo a aquel en el que se desarrollan las acciones, las entrevistas y los testimonios y externa, también, a los archivos movilizados por el filme. Esa voz posee un saber sobre el mundo presentado que no debe ponerse (por norma general) en duda dentro del do - cumental. Ese tipo de voz, junto con el montaje, juega un papel fundamental para estructurar el discurso del docu- mental, pues les atribuye jerarquías a los entrevistados, vali- da o rechaza sus testimonios, sutura vacíos, legitima archi- vos, etc. Este tipo de voz, típica del documental clásico, ha venido perdiendo progresivamente espacio desde los años sesenta del siglo XX y, en el caso chileno, desde mediados de los años noventa, particularmente a partir de filmes como La flaca Alejandra (Carmen Castillo, Guy Girard, 1994) y La memoria obstinada (Patricio Guzmán 1997). Sin embargo,

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