Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

114 Hans Stange y Claudio Salinas El formato organiza la estructura narrativa del dis- curso televisivo, da pauta para organizar las relaciones entre los personajes y el desarrollo de los conflictos, segmenta la historia en unidades seriadas y reconocibles, vuelve cotidia- nas las relaciones afectivas, inserta las marcas históricas y pone de relieve los aspectos llamativos, sean estos los ana- cronismos epocales o las dimensiones psicológicas de los personajes (Rueda y Guerra, 2009). El formato incide tam - bién en un rasgo fundamental de la mediación televisiva: «nos referimos a la que ha sido denominada como “tiranía de la contemporaneidad”, es decir, una valoración exclusiva de lo inmediato, de lo cercano a nosotros, de aquello que estamos viviendo (…)» (Hueso, 2008, p. 100). El proceso de selección y reelaboración de los ele- mentos históricos en los discursos televisivos responde, por una parte, evidentemente, a condicionamientos ideológi- cos, pero no solo a ellos. Hay condiciones de producción propias de la televisión que determinan la naturaleza del relato histórico televisado. Hay un requerimiento comer- cial ineludible (pues la televisión es una industria y las se - ries históricas, como cualquier otra, aspiran a tener éxito en audiencia y avisaje). Pero, por sobre todo, los realizadores de televisión, que no son historiadores de formación, re- curren a las fórmulas históricas del sentido común porque ellas alimentan, en primer lugar, su propia relación con la historia. El efecto de realidad de las series televisivas se lo- graría, entonces, por medio de una correspondencia entre lo representado y lo previamente admitido como «históri- co» por parte de las audiencias: comunidades interpretati- vas que verifican el cumplimiento de sus expectativas y el orden de cosas que ya conocen. En este sentido, las ficciones históricas en televisión no aportan al conocimiento de la historia en términos de fechas, procesos, acciones, antece- dentes, fuentes (es decir, de «información historiográfica»), sino que ofrecen una narrativa que explica la historia a par- tir de relaciones interpersonales (O’Higgins se llevaba mal

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