MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

93 sur, donde vivían 18 memchistas. Una visita periodística a cinco conven- tillos en la calle Esperanza, por ejemplo, reveló el siguiente cuadro: todos tenían entre 22 y 24 habitaciones, y como había allí muchas familias haci- nadas, esto significaba que vivían más de cien personas en un conventillo, con no más de dos llaves de agua y dos baños 189 . El número de memchistas pertenecientes a mejores sectores residen- ciales de Santiago era más bien pequeño. Solo nueve mujeres de Provi- dencia y seis de Ñuñoa —un enclave de la clase media— estaban en la lista de afiliadas. Otras quince vivían en el bullente centro de la ciudad, pero ello podría haber significado vivir en un departamento de lujo o arrendar una pieza en un edificio ruinoso. Unas pocas más vivían en los sectores de Portales y Santa Ana. Alrededor de la plaza Brasil, una plaza rodeada de cines y pastelerías, hacia la Quinta Normal de Agricultura, donde el gobierno tenía escuelas vocacionales y un gran parque con una piscina pública, había algunas calles residenciales con casas para gente acomodada. Sin embargo, un pequeño número de memchistas vivía en zonas residenciales acomodadas y más de las tres cuartas partes tenían sus hogares en «barrios marginales». Esta tendencia se hace aún más pronunciada si consideramos a los comités de barrio. Aunque la mayor parte de la vida cívica de Santiago estaba concentrada en el centro de la ciudad, la dirección del memch era muy consciente de que era necesario una estructura descentralizada si la organización quería llegar hasta sectores más amplios de la población femenina. Un puñado de memchistas, por ejemplo, provenía de comunas más nuevas y distantes, como Quinta Normal hacia el poniente o Con- chalí hacia el norte. La población de estos municipios estaba crecien- do rápidamente en los años treinta, cuando migrantes provenientes del campo buscaban suerte en la gran ciudad 190 . Eran comunidades de la cla- se obrera que luchaban por conseguir servicios urbanos y de transporte público. Como las obreras, en especial, no tenían tiempo ni dinero para movilizarse y asistir a las reuniones del memch en la Alameda, se trató de promover, desde un comienzo, los comités de barrio. Seis meses después de la fundación del memch, se habían estableci- do comités de barrio en la población San Martín (detrás del Cementerio 189 Para una descripción detallada ver La Mujer Nueva 10 (octubre 1936), 6. 190 Espinoza, Para una historia , 124.

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