MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

83 sino también del papel social que se enfocaba casi exclusivamente en la maternidad. El compromiso individual en favor del feminismo que fuera más allá de garantizar una existencia segura e igualdad de derechos varia- ba de persona a persona. No obstante, unas pocas dirigentes del memch abogaban por profundos cambios en las relaciones de género y dieron forma a una organización que perseguía no solo la igualdad legal, sino un cambio en la forma de pensar y de organizar la propia vida. Evidentemente, algunas de estas dirigentes del memch demostraron una gran independencia para su época. Cuando era joven, Mandujano vivió en los Estados Unidos desde 1916 hasta 1920, donde estudió y tra- bajó en el New York Sun y en el Pan-American Magazine . Encontró que las mujeres en Estados Unidos disfrutaban de mucha más libertad y mayores posibilidades de participar en la vida pública que en Chile. Durante su permanencia en Estados Unidos asistió al Congreso Científico Paname- ricano que tuvo lugar en Washington en 1916 y al Congreso de la Mujer Trabajadora en 1920. A su regreso a Chile, se convirtió en un símbolo en el campo del femi- nismo al ingresar al Partido Cívico Femenino y participar en el Consejo Nacional de Mujeres. En 1922 viajó nuevamente a Estados Unidos, esta vez como delegada al Congreso Panamericano de Mujeres en Baltimore, donde Carrie Chapman Catt trató de convencer a sus hermanas latinoa- mericanas de que el voto femenino era el paso más importante para el logro de la total reivindicación de la mujer. No se conoce mucho de su participación en esas conferencias, pero incluso entonces, Mandujano estuvo reuniendo material sobre cien de las más grandes mujeres de Estados Unidos para enviar una crónica a Chi- le 161 . En los años treinta, Mandujano se había convertido en una feminista imbatible, respondiendo a la pregunta de un entrevistador sobre la mate- ria: «¿Qué? ¿Si acaso soy feminista? Pero, ¿qué otra cosa podría ser sien- do una mujer de trabajo?». Esta declaración, valiente en ese entonces, no parece haber sido una simple opinión. También Marta Vergara, cuyas relaciones con Mandujano eran más bien frías, atestiguó que esta última era una «sincera feminista» con «cierto interés en la clase obrera» 162 . 161 New York Times , 9, 15, 16 abril 1922; 4 junio 1922. 162 La declaración de Marta Vergara parece casi irónica, ya que ella consideraba a Mandu- jano intratable. Vergara, Memorias , 171. Todas mis entrevistadas ofrecían espontáneamente descripciones similares («más bien fría», «falta de carisma» y así por el estilo).

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