MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

62 La débil votación femenina para la izquierda en las elecciones mu- nicipales se debió, además, al evidente hecho que el proceso electoral discriminó la participación de las mujeres de la clase baja. El requisito de saber leer y escribir excluía a más de un cuarto de la población feme- nina. La inscripción electoral era un proceso engorroso que requería el certificado de nacimiento y una cédula de identidad a un precio de cinco pesos (lo cual para muchas mujeres era más que el salario de un día). Las respectivas oficinas estaban abiertas solo unos pocos días al mes. Incluso para las mujeres trabajadoras y mujeres con hijos, el tiempo empleado en las oficinas gubernamentales para hacer todos los trámites necesarios era de por sí un serio obstáculo 104 . Aun no considerando la resistencia de los hombres frente a la participación en política de sus mujeres o hijas, el ins- cribirse en los registros electorales no fue algo prioritario o al alcance de las familias económicamente golpeadas de la clase obrera. De hecho, solo alrededor del 10% de mujeres se inscribieron en los registros electorales. Sin embargo, a pesar de la baja concurrencia a las urnas, las mujeres incrementaron su participación en los asuntos públicos. La Depresión golpeó a las mujeres trabajadoras con mayor dureza. Las amas de casa tenían que enfrentar las frecuentes alzas de los alimentos. Como resul- tado de ello, las mujeres constituyeron la mayoría de los miembros de las Ligas del Consumidor, y participaron con entusiasmo en las Ligas de Arrendatarios creadas para proteger a los arrendatarios con proble- mas en sus pagos, evitando que fueran desalojados de las viviendas. Una investigación realizada en 1939 sobre las obreras de las fábricas reveló que el 40% de ellas estaba interesada en política, aunque solo el 6% es- taba inscrita para votar 105 . Algunas mujeres exploraban con ansiedad el mundo de la política, asistían a charlas y conferencias y participaban en grupos de lectura patrocinados por partidos políticos. Las mujeres urba- nas, en especial, estaban más expuestas a lo que acontecía en el hogar y fuera de él, y el torbellino político de los años treinta contribuyó al interés hacia los asuntos públicos. Estas eran las mujeres a quienes el memch intentó atraer. 104 Aunque los periódicos contemporáneos reconocieron este problema, no se hizo ninguna sugerencia para resolverlo. La Opinión , 8 de abril 1935. 105 Infante. «Estudio comparativo», 23.

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