MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
48 la equiparó con el hombre, y alcanzó el 71% en 1940 (75%) 64 . Lo más importante: muchas mujeres accedieron a la educación secundaria y, en particular, al creciente número de las llamadas escuelas normales para la formación de profesores. Mujeres con mejor nivel educacional estuvieron en situación de conquistar un nuevo lugar en la cambiante fuerza laboral. La participación de la mujer en la fuerza laboral remunerada aumen- tó sustancialmente durante los años treinta. Aunque las cifras del censo sobre participación femenina en la fuerza laboral presentan limitacio- nes debido a los cambios en los métodos empleados para la recopila- ción de datos, este periodo representó un alza después de tres décadas que vieron caer la presencia de la mujer en el mercado laboral, de un 28% en 1907 y un 26% en 1920, a su cifra más baja de todos los tiem- pos, de un 20% en 1930 65 . Además, las mujeres irrumpieron en nuevas ocupaciones. Después del cambio del siglo, las legiones de costureras, muchas de las cuales trabajaban fuera de sus hogares, fueron reemplazadas lentamente por cifras más reducidas de obreras de fábricas. Las mujeres continuaron trabajando en gran proporción en servicios personales como lavan- deras o empleadas domésticas, pero muchas hallaron empleo en otros sectores de la economía. La creciente burocracia gubernamental ofre- ció múltiples oportunidades de empleo, en particular a mujeres con algún nivel educacional. En los años treinta, mujeres de la clase media ingresaron a la fuerza laboral, algunas de ellas empujadas por simple necesidad debido al elevado costo de la vida. Aunque el nivel de parti- cipación de la mujer en el mercado del trabajo se elevó en solo un 4% de 1930 a 1940, su distribución en la fuerza laboral cambió significa- tivamente. Aparecieron las primeras mujeres arquitectas, agrónomas e ingenieras civiles, y ocupaciones como el servicio social y la enferme- ría en salud pública ofrecieron nuevas posibilidades profesionales para 64 Las tasas de alfabetización en Chile quedaron rezagadas detrás de Argentina por sobre un 10%, pero eran significativamente más altas que las de Cuba, Colombia o Perú. Markos Mamal- akis, Historical Statistics of Chile: Demography and Labor Force (Greenwood Press, 1980), 142. 65 Debemos considerar que, en el censo de 1920, efectuado durante la crisis económica que siguió a la Primera Guerra Mundial, se le preguntó a la gente por su última ocupación, de tal modo que se incluyó a los que estaban desempleados. El censo de 1930, efectuado cuando la Depresión ya había hecho sentir sus efectos en Chile, solo tomó en cuenta a quienes parti- cipaban en la fuerza laboral en ese momento y fue también más estricto al no considerar el trabajo de la mujer en el hogar (en su mayoría costura) como trabajo remunerado, por lo que el trabajo femenino fue probablemente subvaluado en 1930.
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