MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
47 Perspectivas para las mujeres La historia de las mujeres chilenas y sus organizaciones está inmersa en los límites descritos anteriormente, aunque los hechos afectaron a las mujeres de diferente forma. Algunas salieron por primera vez a buscar trabajo porque sus padres o maridos habían quedado desempleados du- rante la Depresión. Las mujeres se enfrentaban diariamente a la crisis económica cuando traían a su hogar menos y menos alimentos con su sueldo y el de sus maridos. La intranquilidad y la violencia política trans- formaba la vida diaria, ya difícil para muchos, en algo menos seguro, lo que se sumaba a las ansiedades de las mujeres. Las mujeres que permanecían en las zonas rurales vivían en un gran aislamiento en los latifundios y su trabajo estaba supeditado al de sus ma- ridos o padres. Para acceder a la salud o a educación para sus hijos depen- dían de sus patrones, lo que con frecuencia significaba no obtener nada en absoluto. Por esta razón, las mujeres que permanecían en el campo fueron marginadas del progreso y la modernización del contexto urbano. Como consecuencia de la Depresión, miles de familias emigraron en busca de trabajo y terminaron viviendo en las áreas marginales de los entornos urbanos. No obstante, para las familias de bajos ingresos vivir en la ciudad no significaba necesariamente tener más comodidades. Las familias de la clase obrera con frecuencia instalaban sus hogares en los hacinados conventillos de la ciudad, donde siempre faltaba luz, aire puro, agua y una higiene adecuada, o construían ellos mismos una modesta vivienda en las nuevas poblaciones que brotaban en las afueras de las grandes ciudades. Estas poblaciones no tenían servicios de agua potable ni electricidad; sus calles sin pavimentar eran polvorientas en el verano y en el invierno se convertían en pantanos. La única arma contra el frío y el barro del invierno eran las estufas a parafina con su fuerte olor y gases tóxicos. Entre los factores positivos de desarrollo para la mujer estaban las nuevas oportunidades educacionales, particularmente en las áreas urba- nas. A comienzos del siglo, solo el 29% de las mujeres chilenas sabía leer y escribir. Iban a la zaga de los hombres en un 5%. Durante los cuaren- ta años siguientes, la expansiva actividad alfabetizadora de la mujer casi
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