MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

41 nistas secundaron el llamado, mientras el Congreso convocó a una sesión de emergencia. Los defensores del gobierno de Alessandri, unidos en un «comité cívico», llamaron a la ciudadanía a una acción armada contra las masas que supuestamente estaban a un paso de la revolución: «Ustedes deberán organizar grupos de ciudadanos que impidan por la fuerza la circulación de la prensa revolucionaria y efectuar el exterminio de los agitadores, quienes quiera que ellos sean, sin vacilaciones…» 54 . Esos llamados a la violencia no eran desgraciadamente simple retóri- ca. La violencia política era bastante común en los años treinta. La bien armada Milicia Republicana, supuestamente fundada para mantener bajo control a los militares y proteger la Constitución, fue de hecho una fuer- za furiosamente anticomunista usada para defender los intereses de las clases dirigentes aplastando las movilizaciones populares 55 . El Partido Nazi de Chile (Movimiento Nacional Socialista de Chile) patrocinó sus propias tropas de asalto que frecuentemente combatían contra las juven- tudes socialista o comunista 56 . Regularmente se producían daños graves e incluso muertes. Las peleas callejeras entre los socialistas y comunistas también acarrearon bajas, pero los encuentros más violentos fueron en- tre la izquierda y la derecha. La evidente fuerza creciente de la izquierda polarizó a la sociedad chilena y la retórica política alcanzó como nunca tonos violentos. Poco antes de las elecciones parlamentarias de 1937, Joaquín Prieto Concha, un candidato conservador al Congreso, profetizó dramáticamente que las elecciones venideras eran de enorme trascendencia: «Dos civilizacio- nes se enfrentan el domingo: la civilización mongólica, feroz y sedienta de sangre, dirigida por Moscú, y la civilización cristiana, la cual durante veinte siglos ha sido la cuna de la cultura y del progreso». Los políticos de derecha no estaban solos en su lucha por la «sobrevi- vencia de la civilización». También la Iglesia Católica trató de influir en la opinión pública. Aunque se suponía que la dirección de la Iglesia iba a permanecer neutral frente a la política electoral, se opuso con vehemen- cia al Frente Popular, al que percibía como marxista. De hecho, la jerar- quía de la Iglesia, así como los sacerdotes, en lo individual, advertían so- 54 Citado en Pinto Lagarrigue, Crónica política , 243. 55 Carlos Maldonado Prieto, La Milicia Republicana: Historia de un ejército civil, 1932-1936 (Servicio Universitario Mundial, 1988), 75-90. 56 El partido fue fundado en 1932 por Jorge Gonzalez von Marées.

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