MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

38 Comunista atrajo en 1937 a miles de jóvenes a la Alianza Libertadora de la Juventud. Los partidos Socialista y Radical apuntaron en dirección a las mujeres con sus secciones especiales, la Acción de Mujeres Socia- listas y la Asamblea Femenina Radical. La masonería, que había estado tradicionalmente asociada al aristocrático Partido Liberal, se abrió de manera creciente a la clase media y progresista. Esta proporcionó a sus miembros conexiones con la burocracia y con las organizaciones profe- sionales, como también con las fuerzas armadas y los partidos políticos 46 . Una multitud de organizaciones cívicas y nuevos actores aparecieron en la escena pública. Había clubes y comités para casi todos los propó- sitos. Organizaciones profesionales, tales como la Asociación de Ar- quitectos, la Asociación de Mujeres Universitarias o la Federación de Profesores comenzaron a publicar manifiestos y trataron de obtener una vía de expresión en la política nacional. Se fundaron en Chile las Aso- ciaciones de Jóvenes Cristianos y de Mujeres Cristianas. La ciudadanía, preocupada por los precios siempre en aumento, formó ligas de consu- midores para lograr que el gobierno bajara los precios. Los círculos iz- quierdistas patrocinaron el Movimiento Popular contra la Guerra como también la Liga de Defensa de los Derechos del Hombre, que atendía los casos de huelguistas encarcelados y víctimas de la persecución po- lítica. El joven Pablo Neruda y otros escritores progresistas fundaron la Alianza de Intelectuales de Chile, presidida por Ángel Cruchaga Santa María, un escritor de considerable prestigio. Los chilenos buscaron cada vez más «progresar en el mundo moderno y aceptar totalmente la cultura industrial y electoral» 47 . Sin embargo, sería inadecuado visualizar la cre- ciente integración de los sectores más bajos a la vida política como una simple cooptación. Las condiciones sociales predominantes y el descontento hacia el go- bierno de Alessandri trajeron como consecuencia una política explosiva. A pesar de su ascendente cultural, la clase media chilena se encontraba en una precaria situación económica, ya que la inflación carcomió el po- der comprador de los trabajadores. La clase media no podía luchar por sí sola contra la hegemonía de la élite económica en la arena política. Los grupos de la clase media comenzaron a reunirse en torno a temas 46 De hecho, todos los presidentes chilenos desde 1920 a 1958 fueron masones. Fernando Pinto Lagarrigue, La Masonería: Su influencia en Chile , 3ª edición, (n.p. 1966), 8-31. 47 Salazar, «La mujer del bajo pueblo», 105.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=