MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

26 durar hasta los años setenta. Las autoras feministas chilenas de los años setenta y ochenta, preocupadas de buscar a las precursoras de su propio movimiento autónomo de mujeres, y desilusionadas de las formas de ac- ción política tradicionales, tendieron a ignorar la dimensión política de la anterior movilización femenina. El enfoque casi exclusivo en la lucha «feminista» por el sufragio solo reforzó esta tendencia. La escasa historiografía sobre las activistas chilenas es tan vertical como la historia política de ese período. La literatura se ha centrado en las actividades más publicitadas de los diversos grupos femeninos y en unas pocas líderes femeninas. Esta limitación se debe, en parte, a la falta de fuentes disponibles sobre las organizaciones femeninas chilenas. Las historiadoras tuvieron que reconstruir esta historia a partir de los pocos documentos publicados por los diversos grupos femeninos, de sus pe- riódicos (frecuentemente de corta vida) así como de relatos en la prensa. Las entrevistas a las pocas activistas del movimiento femenino aún vivas en los años setenta y ochenta no modificaron este enfoque desde arriba 13 . Este libro desplaza el foco del movimiento sufragista, ya que presenta a los grupos femeninos como un vehículo de movilización para el logro de metas mayores. Aunque el memch era una actoría principal del mo- vimiento sufragista, la importancia de la organización va más allá de eso. El memch proporcionó un espacio político en el cual las mujeres podían plantear sus problemas en forma colectiva y buscar sus soluciones. El memch proyectó los problemas cotidianos de las mujeres dentro de la esfera pública y las convirtió en protagonistas de la vida política del país mucho antes de que ellas tuvieran plenos derechos políticos. El primer capítulo de este libro analiza varios aspectos importantes del contexto social y político en el cual tuvo lugar la organización del memch. El fuerte contraste entre la modernización del país, por una parte, y la situación precaria de la clase media junto a la miseria de las masas, por otra, es la tónica de los años treinta. El memch fue parte integrante de la radicalización de la clase media y de la formación de una nueva cultura política. Las organizaciones femeninas que para los años veinte se habían dividido en grupos de mujeres obreras y grupos feministas de la clase media culta, para la década siguiente se acercaron en torno a problemas 13 María Angélica Meza, «Entrevista a Elena Caffarena y Olga Poblete», La otra mitad de Chile , (cesco, 1986); Diamela Eltit, «Elena Caffarena: El derecho a voz, el derecho a voto», Cuadernos Casa de Chile , 50, (México: 1993).

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