MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
239 Chile, alentaban la formación de comités del memch. Elías Lafferte, por ejemplo, aprovechó un almuerzo que ofrecieron mujeres comunistas del campamento minero de Buena Ventura para animarlas —aunque sin éxi- to— a formar un comité del memch. También fracasaron los esfuerzos de la joven Julieta Campusano por crear un comité del memch en Coquim- bo, en junio de 1938 621 . En otros lugares, no obstante, iniciativas similares tuvieron más éxito. Más aún, las mujeres comunistas tuvieron una parte activa en la fundación y mantenimiento de comités de provincia. La misma Elena Caffarena mencionó en 1940 que a veces había recurrido a mujeres comunistas, a quienes consideraba trabajadoras disciplinadas, para revivir los debilitados comités de provincia 622 . Tanto en Santiago como en provincia, las «representantes del Partido Comunista» que a veces hablaban en las concentraciones del memch eran, con frecuencia, integrantes del propio memch. Pero, a pesar de esta su- perposición, había muchas comunistas destacadas, como Luisa Vicentini, Virginia Bravo e Irma Sierralta, así como muchas militantes de base, que nunca tuvieron nada que ver con el memch . En los lugares en que las secciones femeninas del pc eran fuertes y activas, no existía mucho incentivo para que las mujeres participaran o fundaran un comité del memch y desarrollaran actividades separadas. El comité de Angol, por ejemplo, fue fundado en octubre de 1937 por muje- res comunistas, pero languideció en su existencia paralela a la Comisión Femenina del Partido Comunista hasta su desaparición en 1939 623 . Según Caffarena, las mujeres con lazos con el Partido Comunista ascen- dían a más de la mitad de las memchistas en 1940, en especial en los comi- tés de provincias 624 . Caffarena las reconocía como trabajadoras confiables para el memch y, si reclutaban memchistas para su partido, lo hacían de 621 Chispa (Iquique), cuarta semana de febrero de 1939, 2; Caffarena a Julieta Campusano, Coquimbo, 8 de junio 1938. 622 «Por qué renuncié...», 5. apec A1 N5. 623 La Mujer Nueva 3 (octubre 1937), 8; carta de Uberlinda Montoya a Caffarena, Angol, 10 de agosto 1938. 624 No está totalmente claro lo que Caffarena quiso decir con el término «mujeres comu- nistas». No es probable que todas las mujeres a quienes catalogaba como comunistas fueran militantes del partido. A fines de los años cuarenta se estimaba que el PC tenía alrededor de 30.000 adherentes en todo el país. Cuando el gobierno borró a las y los comunistas de los registros electorales casi inmediatamente después de aprobado el derecho a sufragio femenino, a lo sumo 1.826 mujeres comunistas fueron privadas de sus derechos (el número no puede ser determinado porque las mujeres y los extranjeros estaban agrupados en la misma categoría). Luis Banda Vergara, El Sufragio (1965), 115-116.
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