MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
214 otras organizaciones y partidos políticos. Promovían las metas colectivas del memch más que lo que beneficiaban a sus adherentes individuales. Más importante que eso, las dirigentes nacionales del memch repre- sentaban las demandas de las mujeres subalternas frente a las autoridades. Las conexiones sociales y políticas de la directiva mejoraron las oportu- nidades de los grupos de la clase obrera y de provincia de lograr que sus demandas fueran atendidas. La búsqueda de este tipo de paternalismo era una estrategia profundamente enraizada entre los chilenos de todas las clases sociales y las memchistas no eran la excepción en este sentido. Los grupos de los memch provinciales con frecuencia apelaban a las dirigentas de Santiago para que les prestaran su apoyo en las campañas de los comités locales. Arica, por ejemplo, solicitó ayuda al cen de San- tiago para que apoyara la petición que había enviado al presidente Aguirre Cerda y al ministro de Educación, Rudecindo Ortega, en relación con la construcción de una nueva escuela en esa ciudad. Estaban esperanzadas que «con el apoyo del memch de Santiago obtendremos lo que pedimos, y de esta forma nuestra organización local ganará mucho prestigio» 545 . También las memchistas de Rica Aventura pidieron que «las compañeras intervinieran» en favor de la educación de sus hijos porque estaban insa- tisfechas con el número y calidad de los profesores de las pocas escuelas de la zona. En su cruzada por lograr la prohibición de venta de alcohol en Corral, el comité local insistió en que Caffarena se contactara con el ministro del Interior como también con la primera dama, para respaldar sus peticiones 546 . Por cierto, los comités provinciales buscaron ganar el apoyo activo o la intervención de sus dirigentes para muchas de las cam- pañas locales que describimos en el capítulo anterior. Las dirigentes del memch podían ofrecer el beneficio de tener cierta práctica en tratar con organismos estatales. Graciela Mandujano puso en acción a la casi siempre letárgica burocracia de los servicios sociales, cuando se le informó la insostenible situación de la salitrera de Humbers- tone, donde los trabajadores en huelga habían sido despedidos y estaban amenazados por el hambre junto a sus familias. Mandujano intervino ante el director general de Auxilio Social, quien organizó la visita de un asis- 545 Carta de Ida de Cruz, Arica, a Barreda, 29 de junio 1939. 546 Carta del memch de Rica Aventura, a Poblete, 6 de febrero 1948; Carta de Claudina Paredes de A. y Laura Vera, Corral, a Caffarena, 27 de enero 1939. APEC.
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