MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
212 Alarcón no fue la única memchista que esperaba ciertos beneficios de la organización que iban más allá del logro colectivo de las metas esta- blecidas. Las afiliadas de base del comité de San Antonio, por ejemplo, pidieron a Caffarena que defendiera en la Corte a una joven empleada doméstica que había sido encarcelada por su empleador por declararse en huelga. La mujer que escribió la carta a Caffarena explicó: «No quiero dejar pasar la oportunidad para dar a conocer las solicitudes que me hacen las memchistas, porque quisiera que se dieran cuenta de que son ventajas que deben ganarse estando organizadas. Esa muchacha no es del memch, pero podría llegar a serlo, y sería una buena memchista si ha recibido ya alguna ayuda» 538 . Para que una organización fuera atractiva, lo dejaba en claro, debía entregar beneficios concretos a sus adherentes. No debe haber sido fácil para la directiva del memch encontrar la manera de satisfacer las expectativas de sus afiliadas y ceñirse al mismo tiempo a sus principios. Habían determinado que el paternalismo, en for- ma de caridad, era degradante y debía ser evitado, pero había también otros caminos para el paternalismo. Algunas organizaciones femeninas, por ejemplo, se incorporaron a la arena de la política municipal como una forma de alcanzar cargos desde los cuales pudieran distribuir bene- ficios especiales a sus adherentes. El memch, sin embargo, no presentó sus listas propias o nombres de candidatos para las elecciones municipa- les. Solo en dos ocasiones el memch de Santiago apoyó a afiliadas que iban en listas del Frente Popular 539 . Más aún, las memchistas, a pesar de haber trabajado arduamente por la victoria del Frente Popular de 1938, evitaron conscientemente los nombramientos políticos, que constituían una parte vital de la cultura política de Chile basada en la dependencia. Caffarena estaba orgullosa de la actitud «democrática» del memch, pero se vio forzada a admitir que tuvo un costo para el crecimiento de la orga- nización. Dos años después de la elección de Pedro Aguirre Cerda, por ejemplo, ella reflexionó: «Nos hemos negado sistemáticamente a apoyar o recomendar postulantes a cargos, y tal vez esta es la razón por la que 538 Carta de Guillermina de López a Barreda, San Antonio, 9 de marzo 1939. 539 El memch respaldó a María Aguirre en 1938 y a Graciela Mandujano en 1941. Ninguna fue elegida. Había memchistas en los concejos municipales de unas pocas comunidades, pero habían ido en listas de los Partidos Radical y Comunista. En 1941 estas eran: Ana Aguilera (PC) y Elena Bustos (PR) en Coronel; en 1947, Julieta Campusano (PC), en Santiago; Saray Cortés Guzmán (PC) en Puente Alto; Eusebia Torres (PC), en Coronel; Hilda Barrientos (PC) en Corral.
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