MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

205 ortografía o de sintaxis que denotaban su origen 514 . El interactuar con el público por medio de cartas o peticiones por escrito hizo también que la apariencia personal de las memchistas no fuera ya un problema, y las ayudó a lograr acceso a las autoridades locales y nacionales. Las memchistas de Sifón del Gringo eran conscientes de esta situación y trataron de usarla a su favor. Como sentían que tenían «poca capacidad para presentarse personalmente», elegían el medio escrito para lograr las metas de la orga- nización 515 . Muchas mujeres de la clase baja no tenían suficiente confianza en sí mismas como para solicitar personalmente ser atendidas y tratadas respetuosamente por las autoridades. Es comprensible que eligieran sos- layar interacciones potencialmente humillantes con las autoridades y se decidieran por las peticiones escritas. La creciente práctica de la escritura de cartas, documentos y mantención de registros ayudó, por cierto, a las memchistas a presentarse con más éxito en una sociedad que se burocratizaba de más en más en las décadas de los treinta y cuarenta. Volverse más versadas en tales materias hacía a las mujeres, como individuos, menos dependientes de terceros, incluyendo a maridos y parientes hombres. Para los comités locales del memch con mayor presencia obrera, esta experiencia práctica les hizo menos vulnera- bles frente a las feministas de la clase media, partidos políticos o sindicatos que decían hablar en su nombre. Reunirse con otras mujeres para conversar de sus problemas y compar- tir experiencias fue otro aspecto de la vida orgánica que contribuyó a la sensación de desarrollo de las bases del memch. Entusiastas memchistas se aventuraban en barrios vecinos u otras comunidades de la zona para representar al memch o conversar con otros comités. María C. de Bustos y otras memchistas de La Serena hacían incursiones a los pueblos y ciu- dades de sus alrededores. Las mujeres del memch de Tocopilla visitaron lejanos campamentos mineros donde encontraron «un buen número de mineros y sus familias que vivían totalmente aislados de toda actividad social y medios de co- 514 La habilidad para escribir correctamente y, más aún, con una caligrafía estéticamente agradable, era muy valorada en el Chile de ese entonces. Se ofrecían cursos de caligrafía, es- pecialmente a los empleados con aspiraciones de ascenso. La Defensa (Iquique), 16 de mayo 1925. Agradecezco a José Pablo Silva por esta referencia. 515 El Sifón del Gringo era la sede de una planta hidroeléctrica. Allí el comité tenía alrededor de treinta y cinco afiliadas. Carta de Luisa González y Ana Urbina de Bernales a Graciela Mandujano, Sifón del Gringo, 8 de marzo 1944.

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