MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
181 del memch no condenaban a las prostitutas por ser inmorales, sino que deploraban que las mujeres se ofrecieran «como una mercancía común, comprometiendo de este modo su dignidad humana» 447 . Estando privadas de una oportunidad para ganarse la vida en forma decente, las mujeres no podían conservar su dignidad. Usando la «enfermedad social» de la prostitución como un telón de fondo para sus demandas de trabajo para la mujer, estos comités enfatizaron que la obrera en general, y la de la industria en particular, era honesta y recta. Tal contraste puede haber tenido la intención de hacer que la demanda de trabajo para la mujer, así como su mayor independencia, fuesen más aceptables para el público (femenino y masculino) que podía ser crítico del trabajo fuera de casa por asociarlo con el libertinaje. Las memchistas no dejaban de criticar la predominante división del trabajo según el sexo que asignaba a las mujeres responsabilidades en el ámbito doméstico sin remuneración o con bajísimos salarios. El memch de Arica rechazó la más tradicional de las ocupaciones femeninas, el servicio doméstico, argumentando que sus salarios eran difícilmente su- ficientes para mantener a una persona, mucho menos a una familia. La práctica común entre las mujeres de arrendar una pieza con pensión a mineros solteros también era rechazada por las memchistas de las ciu- dades mineras del norte y del sur. Un pensionista no pagaba mucho, se quejaba y más aún, amenazaba la moralidad de la familia, quizás a causa de que algunos creían que, aparte de la alimentación, el lavado de ropa y un lugar para dormir, tenía también derecho a acceso sexual a las mujeres de la casa 448 . Claramente, las memchistas no consideraban deseable tener un segundo hombre en la casa quien, en retribución al trabajo femenino y servicio, daba solo una miserable suma de dinero. La fábrica, por otra parte, era percibida como un lugar en que la mujer podía trabajar sin amenazas a su moralidad, y ganaba salarios más de- centes que en cualquier otra actividad asociada al ambiente doméstico. Hasta los años cincuenta, la Braden Company, propietaria de la mina de cobre más grande de Chile, redujo el empleo de mujeres en las minas a unos pocos puestos miserablemente pagados en las cocinas, lavanderías o como sirvientas para el personal norteamericano de la compañía. El trabajo como empleado estaba reservado a los hombres. 447 Volante, memch Coronel, 1940. apec. 448 «Informe a la Primera Convención Departamental del memch de Lota y Coronel», 1941. apec.
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