MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

121 Cuando el ministro del Trabajo, doctor Fajardo, discutió en 1936 las reformas necesarias para los empleados fiscales, habló de limitar el con- trato de gente de una misma familia si no necesitaban el ingreso. Sin em- bargo, pronto se hizo claro que no eran los jóvenes empleados fiscales pertenecientes a una familia rica los que causaban su ira, sino más bien «la señorita que trabaja para comprar medias de seda o rouge , o que re- gularmente prueba su fortuna en una mesa de ruleta» 257 . La realidad de esa iniciativa se hizo evidente cuando el gobierno anunció un máximo de un 20% de empleadas en todas las instituciones públicas o semi-fiscales, para bajar las tasas de desempleo. En respuesta a esta propuesta, Marta Vergara dedicó un artículo en la portada de La Mujer Nueva al tema del trabajo femenino. Marta Vergara se rebeló ante la imagen de la mujer trabajadora convertida en víctima, reconociendo que la mujer había sido «arrojada a la lucha para ganarse la vida con el sudor de su frente» por el imparable proceso de industria- lización que la había forzado a abandonar su hogar. El sistema patriarcal en el que el trabajo de un hombre podía mantener a su mujer y a sus hijos o incluso una familia más extensa, había desaparecido. La indus- trialización había impuesto un nuevo «camino social y económico» a la mujer, que había ya desembocado en «cambios de mentalidad y de cos- tumbres». Estos cambios no eran reversibles. Marta Vergara se abstuvo de declarar que todas o la mayoría de las mujeres habían elegido trabajar. Pero dio a entender que para la mayoría de las mujeres ya no era factible la vuelta a una limitada vida de hogar. El desarrollo industrial y sus con- secuencias económicas habían producido el resultado inexorable de que la mujer se integrara a la fuerza laboral, y Marta Vergara argumentó que las mujeres no pudieron resistirlo ni los hombres deberían hacerlo. Para un creciente número de mujeres, regresar a las murallas de sus casas, se había vuelto ya indeseable, pero esto era más bien la consecuencia que la causa del ingreso de la mujer a la fuerza laboral 258 . Este cambio apuntaba a un futuro en el cual, necesariamente, las mujeres y los hombres traba- jarían para su subsistencia. 257 «Quiere solucionar los problemas de la clase media el ministro del Trabajo, doctor Fajardo», Zig-Zag , 1° de mayo 1936, n.p. 258 La feminista Amanda Labarca, aunque provenía de un punto de vista políticamente distinto, presentó un informe similar sobre el ingreso de la mujer a la fuerza laboral y argu- mentaba que el feminismo era el resultado del desarrollo económico. Labarca, ¿Adónde va la mujer chilena? , 25-28.

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