Matronería neonatal
Perinatología 376 CONDUCTA ACCIONES FUNDAMENTOS Valorar al recién nacido desde el en- foque perinatal Integrar antecedentes obstétricos y fetales: crecimiento intrauterino, Doppler, líquido amniótico, patologías maternas, uso de fármacos, consumo de sustancias, estrés, violencia y contexto social. La fisiología del recién nacido está estrechamente relacionada con la vida intrauterina y con la forma en que se produjo el nacimiento. Integrar antecedentes gestacionales y fetales permite anticipar posibles dificultades de adaptación y ajustar la vigilancia. La valoración neuroconductual orienta el ritmo y la intensidad de los cuidados, evitando sobrecargar un sistema inmaduro. Registrar características del trabajo de parto y del parto (tipo de parto, duración, eventos agudos, compromiso fetal). Realizar examen físico completo, valorando respiración, perfusión, tono, reflejos, termorregulación, conducta, succión y estado de alerta. Observar señales de autorregulación y de estrés (bostezos repetidos, hipo, temblores, desorganización motora). Facilitar la transi- ción fisiológica in- mediatamente des- pués del naci- miento Favorecer contacto piel a piel inmediato con madre u otra persona significativa. La transición a la vida extrauterina implica reorganización respiratoria, hemodinámica y metabólica. El contacto piel a piel favorece estabilidad cardiorrespiratoria, regula el cortisol, mejora la glicemia y facilita la colonización microbiana protectora. Evitar intervenciones innecesarias disminuye el estrés y reduce el consumo de oxígeno en un periodo de alta vulnerabilidad. Prevenir pérdidas de calor, sin separar al recién nacido de la familia. Evaluar respiración, frecuencia cardiaca, color y tono sin maniobras innecesariamente bruscas. Iniciar reanimación solo cuando esté indicada, siguiendo estándares, procurando mantener el mayor contacto posible con la familia en cuanto se estabilice la condición. Regular el entorno sensorial para pro- teger el neurodesa- rrollo Ajustar la iluminación evitando luces directas sobre el rostro del recién nacido. Reducir ruidos ambientales y alarmas no críticas. El sistema nervioso y autonómico del recién nacido es inmaduro y sensible a la sobreestimulación. La exposición continua a ruidos intensos, luces fuertes y manipulaciones frecuentes altera la estabilidad respiratoria y hemodinámica, aumenta el gasto energético y puede afectar el neurodesarrollo. La regulación sensorial y la contención postural favorecen conexiones sinápticas organizadas y una mejor adaptación al medio. Agrupar procedimientos clínicos para disminuir manipulaciones repetidas. Favorecer posturas flexionadas y contenidas, con apoyos que respeten la alineación fisiológica. Observar signos de sobrecarga sensorial (cambios bruscos en respiración, coloración, tono o conducta) y adaptar los cuidados.
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