Matronería neonatal

Duelo perinatal 248 y familias se conectan al principio con la alegría de un niño o niña que llegará, y luego con las fuertes reacciones físicas y emocionales producto de su muerte, resultando difícil comprender, aceptar y hablar de lo ocurrido. Algunas veces implica la pérdida de un proyecto personal y familiar, la sensación de que su propio cuerpo les ha fallado. Tradicionalmente, se ha tratado al duelo perinatal como un “duelo desautorizado”, en algunos casos, al tratarse de una pérdida no reconocida “oficialmente”, y en ocasiones poco validada por el entorno social, se convierte en un duelo silenciado, solitario y difícil de elaborar. Varias investigaciones afirman que entre el 10% y 30% de las mujeres que experimentan un duelo perinatal, y en menor grado sus parejas, manifiestan síntomas clínicos como ansiedad, depresión, estrés postraumático, duelo complicado, afectando incluso el vínculo con sus futuros hijos. Los progenitores viven la pérdida de manera diferente, lo cual suele generar distancia emocional y tensión en la dinámica de pareja, interfiriéndose en la posibilidad de entregarse apoyo mutuo. Las madres frecuentemente sienten culpa o vergüenza asociada a la fantasía de no haber cuidado adecuadamente a su hijo, atribuyéndose a sí misma la responsabilidad de la muerte. El padre habitualmente se pregunta cómo consolar a su pareja y si podrán tener otro hijo, experimentando la responsabilidad de apoyar física y emocionalmente a la madre. Tienden a mostrarse más irritables que culpables, y pueden dirigir esta emoción hacia el personal de salud o volcarse más a su trabajo y vivir la tristeza en solitario, mostrando incomodidad ante preguntas sobre sus emociones. En cuanto a los efectos en otros hijos/as mayores, ellos/as también sufren la pérdida, pero la reacción suele depender de la edad, cultura y creencias religiosas. Muchos son excluidos del proceso de duelo, no conocen el embarazo, y/o pueden sentir culpa por haber tenido algún sentimiento hostil hacia el bebé. Frente a esto, es de gran importancia poder conversar, liberarlos de ideas de culpa o responsabilidad, y responder con honestidad, haciéndolos partícipes de rituales de despedida. Matronería Las características del duelo perinatal están enmarcadas por la poca validación, invisibilización e incluso desautorización de la experiencia de muerte gestacional por parte de la sociedad en general, ya que contribuyen con sus palabras y acciones a que todo vuelva a la normalidad, sin permitir el espacio y tiempo de vivir el proceso de acuerdo a las fases o etapas del duelo. Por lo tanto, es esencial que los profesionales puedan otorgar un cuidado sensible, efectivo y de calidad en esta situación, teniendo un rol significativo en este proceso, y la relación que construyan con los padres y familias será decisiva para facilitar u obstaculizar su cuidado. En las últimas décadas han aumentado iniciativas que promueven la validación del duelo perinatal y su acompañamiento a nivel nacional e internacional. En nuestro país, el 2020 se crea la Ley de Mortinatos de Chile y el 2021 se promulga la Ley Dominga que establece un protocolo para el manejo clínico y el acompañamiento a los padres que sufren una muerte perinatal. Esto ha potenciado la formación y acompañamiento al duelo perinatal, a nivel profesional, social y comunitario, contribuyendo a la elaboración del duelo en los padres. La Ley Dominga (Ley 21.371) constituye el marco regulatorio legal y ético vigente en Chile para el acompañamiento integral en perdidas gestacionales y perinatales. Esta ley garantiza que las mujeres, personas gestantes y sus familias reciban un acompañamiento respetuoso, digno, informado y humanizado por parte del sistema de salud. Las acciones descritas a continuación, están basadas principalmente en la Norma General Técnica y Administrativa de la Ley 21.371. CONDUCTA ACCIONES FUNDAMENTOS Validar el duelo perinatal. Reconocer que la pérdida gestacional o neonatal es un duelo real y profundo, a menudo invisibilizado. Es un duelo real porque implica la interrupción inesperada de un proyecto de vida, de expectativas y de un vínculo afectivo que comienza mucho antes del nacimiento.

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