Matronería neonatal

Asistencia del recién nacido con dolor 122 Asistencia del recién nacido con dolor AUTORA: MARÍA ELENA NIKLITSCHEK MORALES Definición El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión tisular real o potencial, según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP). Se pensaba que los recién nacidos, especialmente los prematuros, no eran capaces de experimentar ni recordar el dolor debido a su limitada capacidad de expresión, la evidencia científica actual demuestra que los neonatos sí perciben el dolor y que este puede generar respuestas fisiológicas y conductuales significativas. Los recién nacidos hospitalizados, en especial prematuros, son frecuentemente sometidos a múltiples procedimientos dolorosos, muchas veces sin medidas adecuadas de analgesia ni contención, la exposición repetida al dolor no tratado se asocia a un aumento de la morbimortalidad, a corto y largo plazo, como alteraciones del neurodesarrollo, del sueño, del comportamiento y del aprendizaje. Por ello, el manejo integral del dolor, tanto farmacológico como no farmacológico, constituye una responsabilidad fundamental del equipo de neonatología, especialmente de matronas y matrones. Fisiología El dolor neonatal constituye un problema relevante en la práctica clínica, ya que los recién nacidos, entre 25 y 42 semanas de gestación, que se encuentren hospitalizados en unidades de neonatología, son sometidos a numerosos procedimientos dolorosos diarios durante las primeras semanas de vida, muchas veces sin medidas analgésicas adecuadas. Los neonatos cuentan con sistemas anatómicos y funcionales capaces de detectar, transmitir y percibir el dolor; desde la semana 22 de gestación, esta capacidad se explica por la activación de nociceptores periféricos, terminaciones nerviosas libres distribuidas en todo el organismo, que responden a noxas térmicas, mecánicas o químicas, mediante la liberación de mediadores inflamatorios como bradiquininas, serotonina, leucotrienos y prostaglandinas, los cuales aumentan la sensibilidad nociceptiva, permitiendo la transducción del estímulo en potenciales de acción que se transmiten por fibras aferentes A δ y C a través de neurotransmisores como glutamato y sustancia P hacia el asta dorsal de la médula espinal; desde allí, la señal asciende por el haz espinotalámico hasta el tálamo y posteriormente a la corteza somato sensorial, donde el dolor es percibido e interpretado, generando respuestas fisiológicas, hormonales, metabólicas y conductuales exacerbadas, debido a la inmadurez de los sistemas inhibitorios del sistema nervioso central, lo que, en ausencia de una adecuada modulación e inhibición del estímulo doloroso a nivel periférico, espinal y supra espinal, puede traducirse en inestabilidad clínica, aumento de la morbimortalidad y alteraciones del neurodesarrollo y del comportamiento, presentando menor desarrollo de la corteza cerebral en edad escolar,

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