El Húsar de la muerte. Cien años de historia rescatados fotograma a fotograma
23 muerte” es como una vieja novela a la que le faltan algunas páginas… Ruego a ustedes que perdonen los errores (En Ramírez, p. 15). Al reestreno de El Húsar de la Muerte siguió su proyección el 30 de agosto de 1963 en la inauguración de la Sala de Cine de la Cineteca de la Universidad de Chile, ubicada en el Paseo Bulnes, a la que asistieron altas autoridades y nuevamente el cineasta. Formalmente, es a partir de esta etapa que la película comienza a ocupar un nuevo lugar en el espacio público mediante itinerancias y profusas exhibiciones a cargo de la Cineteca, lo que configura la patrimonialización de la obra a partir de su puesta al alcance de las co- munidades en circuitos que realizan una puesta en valor de ella, sin excluir la conservación que se da en su duplicado negativo. Se suma el reconocimiento a Pedro Sienna en 1966 con el Premio Nacional de Artes, mismo año en que la película se exhibe en el Festival de Cine de Viña del Mar acompañada de una exposición de fotografías sobre cine silente nacional. La última proyección de la película está datada en 1975, inicios de la dictadura militar, pocos meses antes que la Cineteca de la Universidad de Chile sufra la exoneración total de sus funcionarios y la clausura desde los nuevos administradores cívico-militares de la institu- ción, siendo uno de los mayores actos de violencia contra el patrimonio audiovisual que han sido documentados en el país. Es en este contexto que Sergio Bravo (2020), de manera particular, toma la decisión de ha- cer un nuevo duplicado de la película a partir de una versión que habría guardado desde los procesos de los años 60: En el año 1980 fui a Brasil a procesar los negativos del docudrama que produje y realicé clandestinamente “No eran nadie”. (…) Cuando llevé los negativos para procesar en Sao Paulo, aproveché de incluir mi copia de seguridad en 16 mm de “El húsar de la muerte”, la que había conservado muy celosamente. (…) Así motivado, hice otra copia de seguridad en Brasil. Después facilité esa copia a la Cinemateca Uruguaya, pactando la factibilidad de que allí hicieran un contratipo para que guardasen una copia en sus archivos. (…) Suponía que si “El húsar…” era quemado por los facinerosos de la dictadura [sic] habría una copia en la Cinemateca Uruguaya, otra en la Cinemateca de la UNAM y otra en los archivos de Bois D’arcy, Francia. Además allí quedó mi copia de seguridad en 16 mm y un internegativo hecho por ellos (p. 103-104).
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