Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales

68 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz reflejadas en la vida social, familiar, y sexual de quienes hayan sufrido estas situaciones (González et al., 2012). También cabe señalar que las principales víctimas de estas agresiones suelen pertenecer a la población femenina; según los registros de Fiscalía Nacional entre los años 2012−2016 111.021 denuncias por delitos sexuales fueron ingresadas, de los cuales el 82% fueron presentadas por mujeres (Canales et al., 2019). Por otra parte, individuos pertenecientes a la población infan- to−juvenil también se consideran como un grupo de alto riesgo a ser víctima de este tipo de transgresiones. Según los resultados de la segunda encuesta de violencia intrafamiliar y delitos se- xuales generada el 2012 el 10% de las niñas y el 5% de los niños han sido víctima de abuso sexual, y de estas cifras, el 33% han presentado abusos reiterados (Canales et al., 2019). Teniendo en consideración la complejidad que entraman los delitos sexuales, tanto en sí mismos como en lo que respecta a la vida de presuntas víctimas, se hace necesario y urgente tratar- lo de la manera más circunspecta, responsable e íntegra posible. Si bien este objetivo se ve auxiliado con la participación de un perito psicólogo, que busca complementar y ayudar a quienes se encargan de la administración de justicia, ciertos aspectos de su quehacer han sido puestos en duda (Silva y Valenzuela, 2011; Zúñiga y Faúndes, 2014). Dentro de las materias que han producido interrogantes sobre la labor de expertos psicólogos se pueden mencionar, en primer lugar, el hecho de que sea el sistema persecutor penal quien establezca la técnica a emplear por el perito, lo que limita el actuar del experto y repercute directamente en la calidad y validez del medio de prueba que se produce (Silva y Valenzuela, 2011; Zúñiga y Faúndes, 2014). En segundo lugar, se puede visibilizar la falta de elemen- tos metodológicos y lingüísticos propios y únicos de la materia de quienes practican esta profesión. Esto guarda relación con la evaluación de la credibilidad discursiva, la cual es abordada de diferentes formas en función del mismo objetivo: intentar determinar la calidad de los testimonios (Rivera y Olea, 2007).

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