Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales
20 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz la sociedad (Gannon y Rose, 2008). En este sentido, se tiene se tiene conocimiento de que una alta proporción de las agresio- nes sexuales no son reportadas, no siendo los registros oficiales un reflejo totalmente preciso de la prevalencia del fenómeno (Fergusson et al., 1984; Horwood y Woodward, 2000). Por otro lado, al ser las agresiones sexuales conductas inconsistentes con la percepción social de la mujer, los incidentes tienden a ser ne- gados, minimizados o reconstruirlos en pos de alinearlos con las nociones culturalmente aceptables del comportamiento fe- menino (Denov, 2004; Saradjian, 2010). Así, cuando una mujer agrede sexualmente a un niño, niña o adolescente, la agresión es frecuentemente interpretada como una expresión de afecto confusa o una tentativa de intimidad desviada. Sin embargo, los estudios al respecto señalan que las muje- res son capaces de cometer agresiones sexuales con consecuen- cias traumáticas para sus víctimas (Denov, 2003), y la literatura especializada sostiene que estas generalmente son mujeres de situación socioeconómica baja o media (Nathan y Ward, 2001) que se encuentran en el rango de edad de los 25 a 35 años (Vandiver y Walker, 2002). Asimismo, estas mujeres presentan habilidades sociales disminuidas, baja autoestima y dificultades relacionales (Danvin, 1999; Saradjian, 1996) y comúnmente se encuentran vinculadas a roles de cuidado con población infantil (Faller, 1987 como se citó en Gannon y Rose, 2008). Respecto a los escenarios en que ocurren las agresiones sexuales cometi- das por mujeres, la literatura señala que estas frecuentemente ocurren en contextos de provisión de cuidados a población in- fantil (Faller, 1995). De acuerdo con Faller (1987 como se citó en Gannon y Rose, 2008), la provisión de cuidados a población infantil es el segundo escenario en que las mujeres más agreden sexualmente, solo siendo superada por las agresiones sexuales incestuosas. Al respecto, la investigación sugiere que las escuelas han sido comúnmente escenarios para el abuso, constituyendo casi la mitad de los sitios de abuso observados en la muestra vista por Gallagher, en donde los educadores fueron la categoría más grande de agresores, representando casi el 30% de 2.000 casos
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