Narrativas de vida de personas de las disidencias sexogenéricas migrantes. Una posibilidad metodológica para conocimientos situados
III. Narrativas de vida de personas migrantes de las disidencias sexogenéricas en Chile 82 Yo crecí conmiedo a la guerrilla, entoncesme decía que tenía que pasar con la mayor discreción posible, sin ver a nadie, no cruzar miradas. Por un lado, había visto las mafias para el cruce, por el otro, las fuerzas armadas colombianas custodiando todo el trayecto. Además, el hecho de no conocer a nadie, la soledad con la que yo iba, me generaban mucha incertidumbre. Cuando llegué a Colombia fue cuando comenzó la nostalgia. Te volteas y te das cuenta que lo que te separa de tu país es un río, y que posiblemente ya no vuelvas a pasar para allá. Voltear y ver tu tierra e irte alejando poco a poco te va generando una nostalgia tan grande, porque no solamente es tierra lo que dejas, también dejas familia, amistades, tu cultura, tu gente, tu calor, tu todo, todo con lo que creciste se va yendo milímetro a milímetro. Para llegar desde Cúcuta, en la frontera entre Venezuela y Colombia, hasta la frontera de Ecuador, tuvimos un tedioso y agotador viaje de 72 horas en autobús. En cada frontera nos iban sellando papelitos, las visas, mis facturitas les decía yo. Cuidé esas hojitas con mi vida, igual que mi cédula, no me la quitaba de encima. No viví situaciones de discriminación pormi orientación sexual en estos controles fronterizos, pero sí por ser venezolano, que es algo que no puedes disimular en cuanto hablas. Tu verdadero pasaporte es tu acento. En la frontera de Ecuador con Perú me impactó la cantidad de migrantes, cantidades y cantidades, en carpas, prácticamente viviendo allí, por diferentes razones. El viaje por Colombia fue tedioso, cansador, pero el paso por Perú fue feo, estéticamente: un desierto gris, unas casas pobres de vez en cuando. Además, yo venía con una mala predisposición, porque por mi hermana sabía del trato denigrante de los peruanos hacia los venezolanos, así que traté de pasar desapercibido. De hecho, los días que pasé en Lima conmi hermaname tocó presenciar una escena de xenofobia en un mercado muy popular llamado Gamarra, donde agredieron a un vendedor venezolano, lo insultaron, le tiraron su mercadería, ahí me di cuenta que lo que veía en las noticias no era mentira.
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