Narrativas de vida de personas de las disidencias sexogenéricas migrantes. Una posibilidad metodológica para conocimientos situados
III. Narrativas de vida de personas migrantes de las disidencias sexogenéricas en Chile 52 violencia. Me han golpeado y, en una ocasión, estuve a punto de morir, pues un cliente intentó ahorcarme para robar mis pertenencias, y las de otras personas que residían en la misma casa. Una compañera me encontró desvanecida en el suelo; por unos días hablaba como un pajarito, por la presión tan fuerte que había recibido en el cuello. Son situaciones muy duras las que se viven en este ámbito de trabajo, que implican por tanto un duro aprendizaje; paramí, por lomismo, la calle es un libro. Mi historia la fabriqué en la calle, desde los 10 años, trabajando, vendiendo caramelos, papas rellenas, huevitos sancochados, arroz con leche, mazamorra, jalea, paletas, caminando y caminando para hacer una moneda y llevar dinero a mi casa. Esas experiencias te enseñan mucho. En ese sentido digo que la calle es un libro, o una segunda escuela, porque es un lugar en el que aprendes, a los golpes, pero aprendes. Una de las cosas que aprendí en la calle es a amar a la gente quemás te ayuda, y que la familia no siempre es la que te cuida y protege. Además, en la calle yome comportaba natural, podía sermás yo, pero en las reuniones familiares me portaba como un militar, me tenía que preocupar de que no se notara nada, vivía una vida doble. Otra vez estuve a punto de morir en una golpiza. Hace más de dos años, volvía a mi casa en la mañana, después del trabajo, y al salir me robaron, eran cinco hombres, migrantes también. Me pegaron, me arrastraron, me gritaron “maricón tal por cual”, me humillaron. Terminé mal, psicológicamente, y mi cuerpo quedó muy dañado, roto, no podía ni ir al baño, tenía todas las manos ensangrentadas, porque las usé para tratar de proteger mi cara; tenía lastimados los pies, los dedos, las rodillas, los codos, estuve como un mes en casa de mi hermano, con reposo. A pesar de lo violento que fue, en un aspecto fue una experiencia bonita, porque los carabineros que llegaron me atendieron muy bien, me trataron de “señorita”; me preguntaron cómo me llamaba, yo les dije “Kiara Rubí”, y así me llamaron. Desde el momento que subí a la patrulla, los carabinerosme respetaron, jamásme humillaron, jamásme faltaron el respeto, y me respetaron por ser quien soy, por la manera en que estaba vestida, me trataron como una niña, como una mujer,
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