Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

407 R ocío C erón , D ivisible C orpóreo …/ Luis Correa-Díaz al lenguaje” 166 . Evidentemente, una afirmación como esta roza el misterio y, como indica el mismo poeta español, una suerte de “mística exquisita”, la que a veces, y al mismo tiempo, es “mundana underground ” 167 . Una obra, la de Ce- rón, que pone la palabra/el lenguaje en la zona del “espectáculo en vivo”, en especial a través de representar su “sonoridad”, lo que por ende nos lleva a los meandros o, si se quiere, a las moradas de la “sensualidad”, inevitablemente, a una sensualidad , destaca Fernández Mallo –tal vez recordando a George Ba- taille–, en “soledad” 168 , iluminando en un haz la habitación-celda del místico/ de la mística, como individuo y como estado mental (religioso) a la vez. Sin embargo, se trata de una “mística mundana underground ”, todo junto, sin bor- des, que no solo tiene la mirada puesta en a) el objeto inmediato de su deseo, sino que observa la experiencia humana en su transcurso, por eso b) no olvi- da la caverna ni c) el destino cósmico (nuestros near and ultimate futures 169 ): a) Para un creyente, la propiedad del cielo, es que en el la mirada se desvane- ce en la saciedad del tiempo (41). b) Desde la grieta la ausencia y el llamado, trama y urdimbre, sospecha de un susurro que proviene de cueva. Rondan ahi nombres y apellidos de la nacion que oculta entre sus pobladores un cuerpo. Un solo cuerpo. Toda la ceniza de un volcan no alcanzaria para enterrarlo (40) 170 . 166 Se pueden ver un par de blurbs más de este tipo en la página oficial de Cerón: https://www. rocioceron.com/poesia2/divisible-corporeo. 167 “Etimológicamente, hay una relación estrecha entre la ‘mística’ y el ‘misterio’. Y la palabra ‘misterio’, quizás aún más que ‘mística’, nos llega cargada de una enorme y confusa multi- plicidad de sentidos”. Incluso, y esto tiene relevancias en estas páginas, se puede predicar de “quien se dedica a adivinar el futuro, o a contemplar las estrellas y calcular cómo sus movi- mientos pueden afectar la vida, o a no hacer nada sino mecerse con los ojos cerrados y medi- tar” (Rodríguez 11). 168 Aunque a momentos haya sugerencias de lo contrario, de lo que podría llamarse, según Ce- rón, una “gramática del roce” [con lo otro, al final] (45): “modificacion de la presion del aire por el pulso congregado de dos cuerpos” (43), Bataille sigue indisputable, el cuerpo del otro es un pretexto ( sine qua non , no obstante) para que el cuerpo propio se entregue, en la in- evitable soledad de sí mismo/a, a desandar las prohibiciones que lo alejan de la experiencia del placer, de la experiencia de estar vivo (y a la vez, por lo mismo, muerto). En palabras de Bataille: “[e]l que aprehende por un instante el valor del erotismo pronto percibe que este va- lor es el de la muerte. Es un valor tal vez, pero la soledad lo ahoga” (205). Todo el tema del erotismo y que el cuerpo propio tiene que aceptar, se resume en la fórmula, de reminiscencias spinozianas, con que el filósofo francés comienza su tratado: “[p]odemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte” (8). 169 Aunque suene poético: “stars are the destiny of our species: ‘Our planet is the cradle of inte- lligence’ […] ‘but one cannot live forever in a cradle’”, señala Nikos Prantzos, comentando a Konstantin Tsolkovsky (1). 170 Al terminar el breve poema anterior, lo cierra esta constatación: “Milenario es el balbuceo de los hombres” (39). Por supuesto, la insistencia en observar la voz y el (proto)lenguaje es constante en Cerón.

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