Policy Paper. Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habilidad
POLICY PAPER: VIVIENDA Y POBREZA ENERGÉTICA las interconexiones térmicas entre prácticas de vida y de vivienda, partiendo del carácter diverso, sistémico y mutable del confort, donde las personas responden tanto a los entornos que habitan como a los fundamentos históricos y culturales que determinan cómo se experimenta el confort en la vida cotidiana (Devine-Wri- ght et al. 2014; Ong 2012). Desde esta perspectiva, el confort térmico emerge de la intersección entre las provisiones técnicas, la salud mental y física de los ocu- pantes, y los ámbitos psicológicos y sociales de la experiencia, lográndose de ma- neras diversas según estas dimensiones (Devine-Wright et al., 2014). Los modelos recientes de confort térmico adaptativo permiten considerar una gama más amplia de condiciones térmicas consideradas confortables al incorporar las respuestas situadas de las personas ante contingencias térmicas (Chang 2020; Nicol y Hum- phreys 2002). El enfoque adaptativo reconoce que existen diversas acciones que las personas pueden realizar para alcanzar su confort térmico, interactuando activamente con su entorno para optimizar sus condiciones (Nicol y Humphreys, 2002). Cuando se produce un cambio que genera disconfort, las personas reaccionan intentando restaurar su confort (De Dear y Schiller Brager 2001). Estas reacciones se dividen habitualmente en cuatro grupos: 1) acciones que modi- fican el ambiente, 2) adaptación del comportamiento del ocupante, 3) adaptación fisiológica y 4) adaptación psicológica a través de experiencias pasadas y expec- tativas (Brager y De Dear 1998). Este último grupo se basa en la memoria térmica de la mente humana, donde, por ejemplo, la temperatura neutra (Brager y De Dear 1998) de las personas en otoño suele ser más alta que en primavera debido a ex- periencias térmicas anteriores en verano e invierno respectivamente (Hassani et al., 2024). Las acciones de los dos primeros grupos determinan principalmente el consumo energético (Hernández y Molina 2023), aunque la fisiología y la expecta- tiva también juegan roles fundamentales. Por lo tanto, el confort debe entenderse como algo dinámico más que como una condición o atributo específico del ambiente. El comportamiento del hogar define cómo se transforma la calidad térmica de la vivienda en bienestar real. Hernández y Molina (2023) reportaron una baja alfabe- tización energética (energy literacy) en una fracción relevante de los hogares estu- diados. Esto implica poca claridad sobre cómo mejorar la vivienda y su desempeño energético, lo que limita las intervenciones. El mismo caso muestra que la eficien- cia del sistema de calefacción y el combustible empleado influyen en el consumo y emisiones, incluso tras mejorar la envolvente. Por eso, las políticas deben integrar 17
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