Reconstrucción(es) Sociedad Civil. Experiencias de reconstrucción en Chile post 27F desde la sociedad civil

RECONSTRUCCIONES SOCIED DCIVIL 92 desigualdades corresponde al orden cultural de género –la construcción del ser hombre y ser mujer-, legado de una historia de dominaciones que ha colocado a las mujeres en una condición de subordinación e inferioridad con respecto a los hombres. Este orden se sustenta en la división sexual del trabajo que asigna lugares diferenciados a mujeres y hombres y establece relaciones de poder y retribuciones desiguales a unas y otros, a partir de la diferencia sexual que significa la capacidad reproductora de las mujeres. En sus orígenes asignó, a los varones, las tareas productivas y el poder -en los “espacios públicos”-, mientras recluyó a las mujeres al ámbito privado a cargo de la reproducción y la familia. Este sistema de relaciones se ha entretejido con las otras relaciones que estructuran nuestra sociedad: clase, raza y etnia, generación, etc. complejizando y especificando la experiencia de ser mujer o ser hombre (no es lo mismo ser mujer joven en la ciudad de Santiago, que ser una mujer mayor, campesina o mapuche, en Tirúa). A lo largo de los años, la modernización ha traído a nuestro país notables cambios, entre los que podemos destacar varias generaciones de mujeres con altos niveles educativos, profesionales y universitarias, su incorporación masiva al mercado de trabajo (47% de las mujeres entre 18 y 65 años), la reducción de la tasa de fecundidad (2 hijos promedio por mujer) y la creciente autonomía sexual a partir del acceso generalizado a los anticonceptivos modernos, un tercio de los hogares encabezados por mujeres, el 53% del electorado constituido por mujeres, incluso una mujer Presidenta de la República. Sin embargo, en la trama de las relaciones sociales permanecen las asignaciones básicas de roles tradicionales a mujeres y hombres y las desigualdades sociales se manifiestan en grandes diferencias en las oportunidades y proyectos de las mujeres de acuerdo con su clase, etnia, lugar de residencia, generación, etc. Este orden social y de género tan desigual se hace particularmente visible cuando ocurre un desastre natural y así lo revela la experiencia internacional. Si bien los desastres afectan a la población en su conjunto, los impactos difieren en los distintos territorios de acuerdo a la condición socioeconómica, al área urbana o rural de residencia, a la edad, al hecho de ser mujer o ser hombre, de pertenecer a un grupo étnico, o a la condición de discapacidad, principalmente. Pero en el caso de las mujeres se da un fenómeno particular, porque se produce una suerte de “regresión” en las expectativas y lo que se exige a las mujeres. Se manifiesta con toda su fuerza la división del trabajo más tradicional y se espera de ellas que cumplan sus roles en la familia y en las tareas de “cuidado”, no solo del núcleo familiar, sino en el entorno comunitario y social, en su versión más tradicional. En cierta medida, las mujeres dejan de ser sujetos para sí mismas, para ser “para los otros”. Se espera de ellas que resuelvan y organicen todo cuando, al mismo tiempo, suelen tener menos medios y menos poder para resolver muchos

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